La ciudad de La Plata y el teléfono

Que bárbaro esto de la comunicación, ¿Verdad?, estos últimos siglos han sido de grandes adelantos en la comunicación, ¿Quién no tiene un teléfono hoy en día? 

Pero. ¿Y antes?, un filósofo decía que la verdadera comunicación terminó con la invención de la canilla, ¿Cómo? Pensé yo. Este sabio decía que antiguamente las damas de la casa salían a lavar su ropa a la vera del río o del arroyo y de esa manera tenían oportunidad de charlar y de intercambiar ideas con sus pares, con la invención de la canilla doméstica esta oportunidad de conversación finalizó. 

Todo esto da para pensar,  lo cierto es que esto de comunicarse a distancia con un teléfono debe de haber asombrando a la gente de antaño, ¿No les parece? En nuestra ciudad de La Plata, el servicio telefónico fue inaugurado el 24 de agosto de 1887, las oficinas se encontraban ubicadas en la calle 47 entre 8 y 9 y las líneas habilitadas permitían comunicaciones con Buenos Aires, Tolosa y Ensenada.

 

Diez  años después, cuando la cantidad de teléfonos en todo el mundo llegaba al millón y medio de unidades, la ciudad de La Plata y su zona portuaria contaban con la nada desdeñable cifra de 524 abonados a la Unión Telefónica.

 

Correspondían a la zona urbana los números 7001 a 7450 y al Gran Dock los comprendidos entre el 7825 y 7898, entre los primeros abonados puede mencionarse con el 7002 a Leonor B. D´Amico de la calle 14 N° 1023; con el 7003 Luis Cerrano, en Hornos de Cerrano (en lo que hoy es Ringuelet); 7004 Diario "La Mañana" de calle 49 entre 16 y 17; con el 7005 Risso Patrón, médico, calle 54 esquina 6; con el 7010 Moneo y Mendizábal, de tienda "La Nueva" en calle 7 entre 50 y 51

 

Me contaba hace años una tía, que por allá por el año 1927 tuvieron su primer teléfono, por aquellos años tenerlo era un signo de status, el aparato aquel para hablar distaba mucho de lo que conocemos como teléfono hoy, era una caja enorme anclada a la pared de la que salía un largo tubo con una bocina en el extremo y una horquilla en el costado para colgar el auricular, un aparato bastante desabrido.

 

Cuando se corrió la voz en el vecindario, los usuarios crecieron en relación directa, pero eso sí, nunca abusaban. Es que el teléfono inicialmente sólo se utilizaba para emergencias, para empezar, las líneas eran escasas y el número había que dárselo a una telefonista que actuaba como intermediaria, para lograr la comunicación.

 

Por las noches, ese servicio de la entonces Unión Telefónica era atendido por hombres.

 

Pero no era cuestión de extenderse mucho en la conversación, si eso sucedía el propio telefonista se encargaba de pedir muy ceremoniosamente, que se abreviara porque se precisaba la línea, excepto si al telefonista le hubiese tocado intermediar en el llamado nocturno de una voz masculina a alguna mujer casada.

 

Con aquellos primeros aparatos, a veces había que hacer de intermediario en representación de la persona que venía a hablar, y se impresionaban de tal manera ante el teléfono que quedaba inhibida.

 

Pasaron los años, a aquellos primitivos teléfonos le sucedieron otros de mesa, un poco más estilizados, pero las comunicaciones continuaban siendo suministradas por telefonistas intermediarios, años después recién comenzó a tener vigencia el teléfono automático, con discado propio.

 

Mientras tanto, cuántos noviazgos, infidelidades y cotorreos a través de las "líneas ligadas" llegaron a conocerse de manera imprevista, esas famosas "líneas ligadas" eran un contratiempo inevitable y, a la vez, peligrosísimo, porque exponía  a los mayores enredos.

 

Hoy en día, nos comunicamos con celular, ¿Quién no tiene uno? Pequeños, medianos, de colores, con distintas pieles, mensajes de texto y voz, fotos, Internet, juegos, un aparatito minúsculo con muchas funciones, es realmente impresionante.

 

Martín Cooper fue el pionero en esta tecnología, a él se le considera como "el padre de la telefonía celular" al introducir el primer radioteléfono, en 1973, en Estados Unidos, mientras trabajaba para Motorola; pero no fue hasta 1979 cuando aparecieron los primeros sistemas comerciales en Tokio, Japón por la compañía NTT, lo demás es la realidad mundial .

 

Parece mentira que una cosa tan pequeña se haya adueñado de nuestra vidas de tal manera; en cualquier lugar el sonido emitido por la alarma de un celular es parte ya de los ruidos urbanos y de los no tan urbanos.

 

En fin, son los tiempos que se viven. Lo que me pregunto a veces es si realmente estamos comunicados o incomunicados, digo esto porque a veces, nos perdemos de ver a un viejo amigo por ir escuchando lo que nos dicen del otro lado, o nos perdemos una clase magistral de nuestro profesor por atender y responder compulsivamente los mensajes de texto.

 

Lo cierto es que el teléfono se ha convertido en un elemento tan común de nuestras vidas que lo aceptamos como algo muy natural; pero desde el día que nació, este aparato ha ido mejorándose y modificándose para satisfacer las necesidades también cambiantes del hombre.

 

Debemos haber oído esto infinidad de veces. Pero ¿Hemos pensando en lo que sucede cuando colgamos el auricular o cuando marcamos algún número? Probablemente no, porque el teléfono se ha convertido en un elemento tan común de nuestras vidas que lo aceptamos como algo muy natural; pero desde el día que nació, este aparato ha ido mejorándose y modificándose para satisfacer las necesidades también cambiantes del hombre.

 

 

El primer teléfono

 

 Surgió a través de una serie de experimentos de telegrafía. En 1873, Alexander Graham Bell, profesor de filosofía vocal de la Universidad de Boston, comenzó a interesarse en el estudio de la telegrafía múltiple. Concibió la idea de lo que llamo un telégrafo armónico, capaz de enviar mensajes simultáneamente distintos mensajes por un solo cable, utilizando para ello varios pares de resortes de acero.

 

 

Funcionamiento del telefono actual

 

El transmisor moderno tiene una cámara llena de gránulos de carbón ubicados detrás de un diafragma. La corriente eléctrica pasa a través de esa cámara de carbón y del hilo conductor. La voz humana hace que el diafragma oscile en vaivén. Cuando esto sucede, los gránulos de carbón quedan, alternadamente, mas o menos ligados entre si. Esto provoca cambios correspondientes en la intensidad de la corriente que se dirige hacia el receptor. En el receptor telefónico hay un electroimán dispuesto de manera que atrae un delgado diafragma de hierro.

 

De acuerdo con la mayor o menor intensidad de la corriente que llega hasta el receptor, el diafragma será atraído también mas o menos fuertemente. La vibración del diafragma hace que el aire circundante vibre y transmita los sonidos.(Por Roberto Abrodos, para Agencia NOVA)

Calle 69 - San FRANCISCO de ASIS

Sabía Ud que...
A pedido del Párroco de la Iglesia de San Francisco cita en calle 12 entre 68 y 69 de La Plata y mediante el Decreto 3957 del 22 de Marzo del año 1945 se impone el nombre de San Farncisco de Asis a la calle 69.-

San Francisco de Asís (1181-1226) Santo Italiano, fundador de la Orden Franciscana, surgida bajo la autoridad de la Iglesia Católica en la Edad Media. De ser hijo de un rico comerciante, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia del Evangelio. Su vida religiosa fue austera y simple y esa forma de vivir no fue aceptada por algunos de los nuevos miembros de la orden mientras ésta crecía. Es el primer caso conocido en la historia de estigmatizaciones visibles y externas. Falleció el 3 de octubre de 1226. Fue canonizado por la Iglesia Católica en el año 1228.-

No existe ninguna placa ni cartel de nomenclatura sobre esta arteria.

Astrónomos platenses que brillan en el firmamento

Sus nombres son usados para denominar a los asteroides. Hay ocho científicos del observatorio platense que dan nombre a cuerpos descubiertos en la estación de San Juan. Allí se descubrieron y “bautizaron” cerca de 80 asteroides. Entre los homenajeados también está Favaloro.
“Tu asteroide es el número 5.289 y lo descubrimos el 29 de mayo de 1990. Desde entonces estábamos esperando que cumplieras los 70 años, para nosotros solicitarle a la Unión Astronómica Internacional (IAU) que aceptara nuestra sugerencia de ponerle tu nombre. Por fin llegó el día: desde hoy y hasta que haya Sistema Solar y seres humanos que habiten este planeta, el asteroide 5.289 se llama Niemela, lo repito, se llama Niemela por vos”. El texto llegó a manos de Virpi Niemella en diciembre del año pasado, pocos días antes de que la reconocida astrónoma del Observatorio de La Plata falleciera. Estaba firmada por el licenciado Carlos López, director del Grupo ASiPEG (Astronomía del Sistema Solar y Parámetros de Estructura Galáctica), que trabaja en la estación astronómica de altura Doctor Carlos Ulrico Cesco” ubicada en San Juan. Ese centro se dedica especialmente al seguimiento de asteroides que transitan el cielo del hemisferio sur. En su trayectoria, esa estación descubrió y dio nombre a 79 de esos cuerpos, ocho de los cuales corresponden a astrónomos vinculados con la ciudad. Cinco de ellos están vivos y algunos en plena actividad. Ellos son el asteroide 2.605, llamado Sahade, como homenaje al doctor Jorge Sahade. El 5.793, denominado Ringuelet, por la doctora Adela Ringuelet. El 5.758, Brunini, en honor a Adrián Brunini. El asteroide 6.505 Muzzio, por el doctor Juan Carlos Muzzio. Y el 5.386 Bajaja, por el doctor Esteban Bajaja, del Instituto Argentino de Radioastronomía. Los otros cinco platenses homenajeados son los astrónomos fallecidos Carlos Jaschek, cuyo apellido da nombre al asteroide 2.964, Ricardo Platzeck, homenajeado con el asteroide 2.179, y Virpi Niamela, que da nombre al asteroide 5.289. En este caso, según explica el propio director del Observatorio sanjuanino, “quisimos homenajear a astrónomos destacados de nuestro país o a personas que, independientemente de su actividad, como en el caso del asteroide Favaloro, contribuyeron a la ciencia argentina”. Pero el criterio utilizado no siempre fue el mismo. “A lo largo de los años hemos ido cambiando -explica López-. Así, hubo épocas en que preferimos los personajes históricos, y en consecuencia, bautizamos asteroides con los nombres de Sarmiento, San Martín, o Belgrano”. En otro momento, el criterio elegido por el equipo de astrónomos fue el geográfico. Entonces existen asteroides como Cuyo o Calingasta. Un caso excepcional es el del asteroide 7.724, llamado Moroso en honor al matrimonio Pascuala Moroso-Rafael Villalobos, puesteros de la zona del Observatorio que brindaron un apoyo incondicional a la actividad”.

LA PLATA Historia y leyendas

El paisaje imperante es de llanura, levemente ondulada y pastos húmedos, grandes planicies sin árboles de crecimiento natural, con una alfombra continua y permanente de pastos que no dejan ver el suelo. En este escenario sobre costas cercanas al Río de la Plata, se certifica la presencia desde el período paleolítico, de grupos nómades. Los restos hallados corresponden a los Querandíes, indios nómades, pescadores y cazadores especializados, además de recolectores. La conquista española hace su irrupción definitiva, cuando el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata el 1 de agosto de 1776 para defender a sus colonias del contrabando y las incursiones extranjeras. Desde su fundación en 1580, Buenos Aires había vivido a la sombra del vastísimo Virreinato del Perú y todo debía ser aprobado antes en Lima, su capital. Desde su pasó como cabeza del Virreinato ya no hizo falta viajar miles de kilómetros en carretas y a lomo de mula para recurrir a la Justicia o tratar de obtener algún permiso comercial. El 27 de abril de 1880, se eligió al paraje llamado Lomas de la Ensenada de Barragán como el sitio ideal, encomendando al gobierno provincial la fundación de La Plata, nombre que la tradición atribuye al autor del Martín Fierro, José Hernández. La piedra fundamental se colocó el 19 de noviembre de 1882, durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, en lo que sería su centro geográfico, la actual plaza Moreno, luego custodiada por el bellísimo palacio municipal y la imponente Catedral gótica, rojiza al ser de ladrillos, convertida en uno de los símbolos platenses. Es el centro administrativo de la provincia, sede universitaria y se encuentra próxima a las instalaciones del complejo portuario-industrial y de la zona franca de Ensenada, desde donde parten buques de gran calado, en especial petroleros. La Plata es reconocida por su trazado cuadrado, sus diagonales, su bosque y por sus plazas, colocadas con exactitud en damero cada seis cuadras, habiendo sido su diseñador el Ingeniero Pedro Benoit. El armónico plan con el que fue encarado el proyecto es uno de los ejemplos más relevantes, a nivel mundial, del urbanismo del siglo XIX, es así que a fines del mismo Siglo, La Plata fue un distinguida en la Feria Internacional de París con el premio a la Modernidad, entregado a Dardo Rocha por Julio Verne. Para los que disfrutan de la arquitectura y del urbanismo, La Plata los va a impactar: Los edificios públicos se erigen sobre tres ejes fundamentales: el que dibujan las avenidas 51 y 53 y en sentido perpendicular a las calles 7 y 13. La Casa de Gobierno, ubicada frente a la Legislatura, del otro lado de la plaza San Martín, fue proyectada por el belga Julio Doral. El edificio de la Municipalidad es uno de los más bellos, está separado de la Catedral por la plaza Moreno. En un primer momento la población de La Plata estuvo constituida por operarios de las comisiones demarcadoras y obreros de la construcción, algunos comerciantes y su personal; pronto se les sumaron los trabajadores de los hornos de ladrillo-cal y se hizo necesario construir hoteles y restaurantes para albergar a funcionarios, viajantes de comercio, periodistas, turistas, curiosos y otros pasajeros ocasionales. En marzo de 1884, a menos de un año y medio de la fundación, la población ascendía a 6.846 habitantes. En los suburbios de la ciudad era muy común la realización de carreras cuadreras (carreras de caballo), el juego de la taba (un hueso arrojado al aire donde se gana según de que lado caiga) y el de las bochas. También podían verse riñas de gallos. La Plata es hoy, sede de la Universidad Nacional de La Plata, de la Universidad Católica y la Universidad Argentina de Abogacía. Ciudad eminentemente universitaria, tiene además un Museo de Ciencias Naturales, que cuenta con un prestigioso departamento de paleontología y las Facultades de Arquitectura y Urbanismo, Bellas Artes, Ciencias Agrarias y Forestales, Astronomía y Geofísica, Ciencias Económicas, Ciencias Exactas, Informática, Ciencias Jurídicas y Sociales, Medicina, Ciencias Naturales y Museo, Veterinaria, Humanidades y Ciencias de la Educación, Ingeniería, Odontología, Periodismo y Comunicación Social, y Escuela Superior de Trabajo Social. En el mes de octubre de 1998, la UNESCO incluyó a esta ciudad en una lista tentativa entre otros cuatro sitios del país, que aspiran a alcanzar la designación como Patrimonio de la Humanidad.

Llamativo ingreso a la Ciudad de distintas especies de aves

Especialistas destacan que se está dando un fenómeno "inusual" en los cielos platenses

Estorninos, carpinteros, tordos renegridos, colibríes, picabueyes, horneros, cotorras, zorzales, toman por asalto la Ciudad. Por estos días, se registra el pico de un fenómeno que cobró alas en tiempos recientes: el reingreso de aves que habían migrado, y el "debut" de especies inusuales para los cielos platenses. Favorecidos por los corredores urbanos con mayor presencia de árboles -avenidas, diagonales-, las plazas cercanas entre sí, los edificios que les brindan reparo y una renovada capacidad de adaptación, los pájaros vuelan alto, señalan los especialistas."Hasta hace unos 10 años el elenco de aves de La Plata, en el ámbito urbano, era bastante limitado" recuerda el ornitólogo Julio Milat: "podíamos encontrar sin esfuerzos al gorrión, la paloma doméstica, y unas pocas especies más. Pero hoy la situación cambió de manera llamativa; numerosas especies hay ingresado a la Ciudad, mostrando una rápida adaptación a sus condiciones ambientales"."El 'boom' no resulta difícil de comprender, considerando que las ciudades ofrecen casi todo lo que las aves pueden necesitar para subsistir: alimento, agua, material para construir nidos, lugares para dormir -edificios monumentales con cornisas, bordes de ventanas, faroles, esculturas, bajo y alto relieves, campanarios- y por sobre todo, protección ante los depredadores" precisa Milat, que conduce el Museo Ornitológico de Berisso: "si a esto se suma un avance de la forestación en algunos corredores, y el entramado fundacional platense con plazas y parques cada seis cuadras, se explican los avances en la diversidad; actualmente existen entre 20 y 30 especies que conviven con nosotros en el medio urbano". El experto destaca que "las plazas forestadas con árboles nativos tienen mayor número y variedad de especies que las demás".Entre las nuevas aves urbanas está el hornero. Pájaro "de buen agüero", se está haciendo habitual encontrar en plazas y edificios su típico nido de barro. Las parejas -macho y hembra tienen igual apariencia- cantan a dúo al cortejarse; y aunque se dice que las entradas de sus "casas" evitan los vientos fríos, en la Ciudad se las ve apuntando en cualquier dirección. Esas mismas viviendas, que duran dos o tres años, serán disputadas al abandonarse por ratoneras, jilgueros, golondrinas y caburés.Con alojamiento sólo por la temporada -primavera/verano- se registran las golondrinas. Inquietas, vuelan permanentemente en busca de insectos para alimentarse. Nidifican en huecos, aleros y balcones, y en La Plata pueden diferenciarse dos especies: la doméstica, de dorso y zona ventral oscura; y la de ceja blanca, de menor tamaño, y vientre blanco.También se divisan cada vez más benteveos. El "bicho feo" -amarillo, con un antifaz oscuro y blanco en la cabeza- construye su nido y lo "cortina" con pastos y trozos de plástico, o fragmentos de telas de colores. Voraz y adaptable, come lo que la ciudad pone a su alcance: frutos -como las semillas rojas de las magnolias de plaza San Martín-, insectos, abejas, renacuajos. incluso alimento para perros.Entre las especies "recién llegadas" que más se hacen notar está el zorzal colorado. Su canto es melodioso... pero inoportuno: es el que se escucha en plena madrugada, a las 4 o 5, un largo rato antes del amanecer. De vientre anaranjado, este pájaro se alimenta con lombrices y frutos de varias especies de árboles -moras, por estos días-; su "primo", el zorzal blanco o "chalchalero", también es muy común en la Ciudad.Otro de los nuevos habitantes, éste de origen "exótico" -no nativo-, es el estornino crestado. De color negro y plumas visibles en la base del pico, se lo suele ver en las plazas Paso -13 y 44- e Islas Malvinas -19 y 51-. Junto al estornino común, de color negro, patas rojizas y pico amarillo, están generando un serio problema: por sus características -son agresivos, prolíficos, no tienen predadores naturales en nuestro medio y nidifican en cualquier hueco, alero o tronco -u "ocupan" nidos ajenos-, están ganándole espacios a la avifauna local.DISTRIBUCION GEOGRAFICALa tacuarita azul, de cola larga y que anda siempre en pareja, puede verse en el Bosque, sobre las copas de tipas y jacarandáes; también el "boquense" pitiayumí -pecho amarillo y dorso azul-. En las plazas del centro, golpeando los troncos podridos en busca de gusanos e insectos, se encuentran los chingolos, y los carpinteros real y campestre; el carpintero bataraz, más pequeño, prefiere el Bosque.También en pleno centro, los tilos de 7 entre 49 y 50 reciben cada atardecer bandadas de color negro y brillo metálico; son los tordos renegridos, que llegan a dormir desde diferentes puntos de la ciudad, y tienen una particularidad: no edifican nidos, sino que ponen sus huevos en los de otras aves.Habitantes de la noche, las lechuzas de campanario pueden avistarse como raudas manchas blancas volando sobre plaza Moreno. Y el barrio elegido para la residencia no es casual; esta especie que vive en las torres se alimenta de ratas y lauchas, abundantes en el paseo central del casco urbano platense.En cambio, las dos especies de picaflores -verde azulado y bronceado- pueden verse no sólo en plazas y el Bosque sino en casi cualquier jardín urbano, alimentándose del nectar de las flores -son sus preferidas las campanillas o tubulares-. Hace algún tiempo, el invierno los veía migrar hacia el Norte, pero actualmente -cambio climático mediante- se quedan entre nosotros.Milat -fundador del museo berissense que acaba de cumplir veinte años- cree que "la nueva diversidad de aves que está mostrando La Plata merece un estudio sistematizado y detallado", y diagramó junto a varios profesionales en ciencias biológicas -Nicolás Olalla, Patricia Currenti, Sergio Quintero y Laura Ferman- un censo que tendrá lugar durante los próximos meses, con observaciones y tomas fotográficas de las plazas y sus aves. (El Día)

LA MASONERIA EN LA CIUDAD DE LA PLATA (II)

Por: Eduardo M. Sebastianelli

Frecuentemente se habla de la gran actividad masónica que acompañó a la fundación y posterior desarrollo de esta urbe. La Masonería estuvo muy ligada a su fundador, el Dr. Dardo Rocha, a sus colaboradores, a los que demarcaron sus calles, a sus primeros funcionarios públicos, a los edificios, y sobre todo, al trazado de sus planos.
El Dr. Dardo Rocha, había sido iniciado por su padre, el coronel Juan José Rocha, en el año 1858 cuando contaba con tan sólo veinte años de edad, en la Logia "Constancia Nº 7". El principal colaborador del Dr. Rocha, y quien fuese responsable del trazado del plano de la futura ciudad, el arquitecto Pedro Benoit, había sido iniciado el 26 de octubre de 1858 en la logia "Consuelo del infortunio Nº 3". Pedro Benoit había nacido en Buenos Aires, el 18 de Febrero de 1836, y era hijo del ingeniero francés Pedro Benito Benoit. Desde los catorce años se desempeñó junto a su padre en el Departamento Topográfico y en la sección de Geodesia del Departamento de Ingenieros. Muchas de las obras que ejecutó en los años anteriores a la fundación, tendrían una importancia fundamental en ella, entre las que se destacaron: en la ciudad de Buenos Aires, la construcción de obras de fortificación para la defensa y emplazamiento de baterías; proyectó y construyó varios puentes de campaña; (proyectó) la antigua Facultad de Derecho; las iglesias de Santa Catalina (en las localidades de: Merlo, San Justo, Moreno, Ensenada, San Vicente, Juárez, Azul y Buenos Aires).
Desde el primer momento se vinculó a Dardo Rocha para la fundación de la nueva capital de la provincia, y formó parte de la comisión para el concurso de los planos en su carácter de vocal del Departamento de Ingenieros. Presentó los planos del trazado de la ciudad, aunque no firmó al pie ninguno de ellos, sino que fue mencionado como autor de los mismos en el año 1888.
Formó la comisión de división de solares, dividiendo a su vez a esta en tres grupos formados de la siguiente manera: el primero dedicado al trazado perimetral y de avenidas, estaba compuesto por los Sres. Carlos Glade, que fue iniciado el día 27 de Septiembre de 1864 en la Logia "Germania Nº 19", Germán Kuhr y Miguel Pérez.
El segundo, a cargo de la división de calles y diagonales, estaba formado por los Sres. Carlos A. Fajardo, (Masón, del que si bien no contamos con la fecha de su iniciación, lo encontramos en 1894 formando parte de la tenida magna en la instalación de un Capítulo), Julio Serna y Pedro Bena. Y el tercer grupo que debían parcelar los terrenos, estaba formado por los Sres. Nicolás Calvo, Julio Arditi y Paulino Campbell (los tres masones).
Luego de la fundación, el Arquitecto Pedro Benoit, realizó los planos de la Iglesia San Ponciano; se le encomendó la dirección del artístico arco de entrada al Bosque en el año 1884, que ahora ha desaparecido, dibujó el primer escudo de la ciudad; proyectó los planos de la Catedral y en 1893, se le encargó la dirección técnica de las obras.
Fue además autor de los planos del Cementerio y del Observatorio Astronómico; después dirigió desinteresadamente las obras de la Iglesia de San Pedro, en Mar del Plata, hasta su deceso ocurrido en esta ciudad, el 4 de Abril de 1897. Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires, para ser sepultados en la Recolecta.
Como sabemos, la Arquitectura es una de las artes fundamentales de la Masonería, y muchos masones, conociendo que los fundadores y sus colaboradores eran Hermanos, han tratado de buscar algún símbolo masónico en el plano de la ciudad, tal es así, que, como se puede observar en el mismo, han pretendido identificar estos símbolos en las diagonales que la dividen, comparándolos con las herramientas del Arte.
Si todo fuese tan simple, todo estaría aclarado; pero no es así, en realidad el plano de La Plata esconde más cosas de las que se pueden observar a simple vista, su estudio conlleva un esfuerzo mayor. En él, el Arquitecto Pedro Benoit y sus allegados han situado todo su conocimiento sobre Geometría Sagrada, y el proceso de develar su mensaje es bastante complejo, pero para quien esté familiarizado con este tipo de "Geometría" seguramente le será interesante y práctico.
Algunos ejemplos de su extraordinaria traza lo son el hecho de que: la ciudad es un cuadrado simétrico que mantiene su forma desde el tiempo de la fundación; está dividida por dos grandes diagonales que la cruzan de Este a Oeste y de Norte a Sur
; en su centro geométrico fue colocada la piedra fundamental, de la que hablaremos más adelante; el rombo formado por los cuatro diagonales centrales forman una "Vesica Piscis", realizada con una unidad equivalente a 1,6180339, es decir el número áurico. El perímetro de la ciudad dividido por el largo de su diagonal (Este-Oeste o Norte-Sur) es igual a 3,1416.
Cabe destacar que la ciudad de La Plata fue totalmente proyectada en abstracto, pues, hasta ese momento no se sabía dónde se iba a asentar, por lo tanto sus arquitectos pudieron establecer las bases que consideraron más oportunas. El plano se comenzó a trazar a partir de un centro, un círculo, un triángulo y un cuadrado, que es exactamente la cuadratura del círculo, que tiene en la Geometría de la Vida individual una importante y definida aplicación. La localización de un cuadrado áurico en una zona de la ciudad denominada El Bosque (un sector de recreo, arbolado y libre de contaminación ambiental); estos son algunos aspectos del verdadero mensaje que nos dejaron sus fundadores, y que serán tratados con detenimiento en mi próximo libro.
Continuando con la fundación de La Plata, podemos agregar que el nombre de la misma fue propuesto por el poeta José Hernández (creador del "Martín Fierro", obra cumbre de la literatura Argentina) íntimo amigo de Dardo Rocha e iniciado el 28 de Agosto de 1861 en la Logia "Asilo del Litoral Nº 18".
El día 19 de Noviembre de 1882, alrededor de las 16 horas fue colocada la piedra fundamental, que consistía de una caja de piedra, en cuyo interior había otra de plomo, dentro de la cual se colocó una redoma de cristal con diversos documentos, entre ellos, una copia del acta fundacional, una copia de la Constitución Argentina, además de monedas de la época y numerosas medallas de las Logias que participaron activamente en la construcción de la ciudad, entre ellas: "Unione Italiana", "Confraternidad Argentina", "Regeneración", "Tolerancia", "Luz y Verdad", "Caridad", "Abraham Lincoln", "Liberi Pensatori", "Unión", "Cárita", "Protectora de los Pobres" y "Progress". Una vez colocada la redoma, se cerró y se selló, se soldó la caja de plomo y se le colocó sobre ella una plancha de mármol de Carrara con la inscripción "Esta caja contiene el acta de inauguración de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires". Sobre la plancha de mármol se colocó la tapa de la mencionada caja de piedra; y con una cuchara (trulla), construida especialmente, de oro con incrustaciones del mismo metal y ocho brillantes en la empuñadura de ébano, el Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Victorino de la Plaza (iniciado en 1867 en la Logia "Regeneración Nº 5"), selló la misma con una mezcla de arena y cal que se había preparado en una batea maciza de caoba, con agarraderas de ébano e incrustaciones doradas.
Colocación de la Piedra Fundamental de La Plata

Todo fue una fiesta, en la plaza principal se habían colocado varios palcos en semicírculo entre los que se hallaba el palco oficial. En diferentes lugares se colocaron arcos y trofeos con las más diversas inscripciones, entre ellas: "Paz y Libertad", "Orden y Progreso", "Amor por la libertad y respeto por las instituciones", "El ejercicio de los derechos políticos es necesario para el gobierno libre", "No basta odiar a la tiranía". Entre los personajes que en el momento hicieron llegar sus mejores votos al gobernador Dardo Rocha, podemos mencionar a Carlos Guido y Spano, quien en la carta fechada el 19 de Noviembre de 1882 expresa:
"Gobernador y Amigo: Salud en este día memorable: Hoy hablarán los hombres y las piedras, las que V. va a colocar como fundamento de la nueva ciudad, proclamará en los tiempos la potencia de la Voluntad puesta al servicio del genio enérgico y creador".
"Con motivo de la edificación de nuestra futura capital se ha recordado la fábula del músico tebano, a los sones de cuya lira de oro alzáronse los muros de la ciudad de Epaminondas y de Píndaro. Si S.V. no posee el mágico instrumento, tiene la inspiración vencedora y realiza un prodigio.. "
Entre las personalidades oficiales y representativas se encontraban los siguientes masones:

Eduardo Wilde, ministro nacional, iniciado el 19 de Septiembre de 1871 en la Logia "Constancia Nº 7".

Domingo F. Sarmiento, Presidente de la República y Gran Maestre de la masonería Argentina, iniciado el 31 de Julio de 1854 en la Logia "Unión Fraternal", de Valparaíso (Chile).

Benjamín Victorica, Presidente de la suprema Corte, ministro, iniciado en la Logia "Jorge Washington" de Concepción del Uruguay.

Manuel R. Trelles, científico e historiador, académico de Historia en Madrid, iniciado en 1867 en la Logia "Confraternidad Argentina".

Carlos Casares (h), Gobernador de la Provincia, estanciero, fundador de la Logia "Unión del Plata Nº 1", en 1855.

Carlos D'Amico, Ministro de Gobierno de la Provincia y futuro Gobernador, iniciado de muy joven fue Gran Maestre del Gran Oriente del Rito Argentino, íntimo amigo del Dr. Dardo Rocha y del Arquitecto Pedro Benoit.

Juan Dillon, contador General de la provincia, iniciado el 2 de Octubre de 1882 en la Logia "Obediencia a la Ley Nº 13".

Mauricio Maller, militar húngaro incorporado al Ejército Argentino, iniciado el 10 de Julio de 1870 en la Logia "Caridad Nº 22".

Benjamín del Castillo, legislador, iniciado el 23 de Agosto de 1863 en la Logia "Asilo del Litoral No. 18".

Ricardo Marcó del Pont, catedrático iniciado en la Logia "Luz del Oeste Nº 55".

Adolfo Miranda Naón, senador nacional, uno de los fundadores del diario platense "El Día" y luego director del mismo, iniciado el 3 de Noviembre de 1885 en la Logia "La Plata No. 80".

Luis C. Pintos, diputado nacional, hijo de masón, fue iniciado en la Logia "Obediencia a la Ley Nº 13" el 27 de Junio de 1866.

Miguel Goyena, hijo de masón, iniciado el 30 de Junio de 1869 en la Logia "Obediencia a la Ley Nº 13".

Adolfo F. Lescano. Iniciado en 1888 en la Logia "La Plata Nº 80".


Ya en las primeras horas de la fundación se habían instalado varias Logias en la nueva ciudad, entre ellas: "Luz y Verdad", "Spretta Uguaghanza", "Triunfo y Justicia", "Hijos del Universo", etc. Pero la que más se destacó fue la Logia "La Plata No. 80" fundada por el Arquitecto Pedro Benoit. En sus archivos podemos encontrar los apellidos más ilustres de la nueva Capital, como los de: Florentino Ameghino, Eduardo Ves Losada, Manuel H. y César Lagenheim, Julio Sánchez Viamonte, Dalmiro Sáenz, Alberto Gregorio, Carlos A. Fajardo, Vicente Isnardi, Juan B. Lavié, José Sixto Alvarez (Fray Mocho), entre otros, pero los nombrados bastan para comprobar que La Plata no fue un mero resultado de las circunstancias que rodeaban al país, sino más bien, fue una obra consciente, especulativa y operativa de los Hermanos masones con un sentido constructivo.
La parte final del acta fundacional instaba a que las generaciones futuras que en su centenario quisieran conmemorar este acto y constatar la existencia de los documentos y objetos que le acompañan lo hiciesen realizando la excavación partiendo del punto céntrico. Esto se realizó en el año 1982, los objetos allí encontrados se depositaron en el Museo Dardo Rocha de la ciudad y nuevamente se repitió el acto fundacional, es decir 100 años después, con la misma consigna a las generaciones venideras.
Finalmente, debemos destacar que para el año 1891, a solo nueve de la fundación, se habían establecido en la ciudad otras corrientes esotéricas, entre ellas cinco cartas patentes regulares del Martinismo fundado por Gérard Encausse en Francia.
Hoy en día, lamentablemente la ciudad de La Plata cuenta tan solo con dos Logias que luchan por subsistir y que no son reconocidas por el Gran Oriente Argentino.


La Plata, 3 de febrero de 1999
Eduardo M. Sebastianelli


Panorama aéreo del centro geométrico
de la ciudad (Plaza Moreno) en 1939
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BIBLIOGRAFIA
- Alfredo Orfila: "Pedro Benoit, en Anales de la Sociedad Científica Argentina", Bs. As., 1897.
- José María Rey: "Tiempo y fama de La Plata", La Plata MCMLVII, p. 85, 148 1932.
- Diario "El Día": distintas publicaciones.
- Emilio Coni: "Reseña estadística y descriptiva de La Plata", p. 103.
- Martín V. Lescano: "Las sociedades Secretas, políticas y Masónicas en Buenos Aires", Tomo II, 1927.
- Jorge Ferro: "La Masonería en la fundación de La Plata", Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, España 1991.
- "La Plata a su fundador": Publicación en conmemoración del cincuentenario de la fundación. 1939.
- Alcibíades Lapas: "'La masonería Argentina a través de sus hombres", Buenos Aires. 1966.
- Ernesto Valsecchi: "La Masonería en La Plata", La Plata, editado por la logia La Plata Nº 80. 1978.
- Album biográfico de los librepensadores: Buenos Aires 1909.
- Emilio J. Corbière: "La Masonería" política y sociedades secretas en la Argentina; Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1998.
- Aldo Lavagnini: "Manual del Maestro", Ed. Kier. Buenos Aires. 1962.
- Siete Maestros Masones: "Símbolo, Rito, Iniciación", Ed. Obelisco. Barcelona. 1992.

NOTAS
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"Reproducción reducida de la estampa oleagráfica de la época, impresa en Milán, en la que aparecen Dardo Rocha, Victorino de la Plaza, Eduardo Wilde, Domingo Faustino Sarmiento, Vicente Villamayor, Benjamín Victorica, Carlos d'Amico, Monseñor Federico Aneiros, Manuel R. Trelles, Paulino Llambí Campbell, Carlos Casares (h.), Juan Dillon (h.), Eulogio Enciso, José Hernández, José F. Alvarez, Mauricio Mayer, Carlos M. de Alvear, Pedro Benoit y otras personalidades, funcionarios, diplomáticos, público y jefes y soldados del famoso batallón Guardia Provincial. (Compárese esta notable composición gráfica con la fotografía de la misma ceremonia que aparece entre las notas documentales de esta obra)."
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En el centro de esta plaza es donde está colocada la piedra fundamental de la ciudad. (Foto Ministerio de Obras Públicas).

La Masonería en La Plata

DEVOTOS DE LA ESCUADRA Y EL COMPÁS

Están excomulgados por la Iglesia Católica desde el siglo XIX por promover el laicismo y la creencia en el "Gran Arquitecto del Universo". Pero muchos de ellos siguen comulgando en silencio. El carácter secreto de sus prácticas les deparó persecuciones a lo largo de la historia y todavía gran parte de sus miembros prefiere no revelar su condición por miedo a ser discriminado. Rodeados de mitos, desconocimiento y prejuicios, los masones siguen actuando en la ciudad que diseñó Dardo Rocha junto a otros miembros de la Orden. ¿Qué buscan estos hombres dentro de las logias? ¿En qué creen los masones de siglo XXI? ¿Cuál es su rol en la sociedad? En esta nota, la masonería platense da la cara y responde a interrogantes tan antiguos como sus rituales.

Por Milagros Barberis

“El que busca a los masones, los encuentra”. No es una amenaza. Es la realidad. La Masonería tuvo su apogeo en La Plata desde la fundación hasta principios del siglo XX, período en que trabajaron diecisiete logias. El poder adquirido por los partidos políticos, el recambio generacional y las persecuciones padecidas por los masones, debilitaron a la Orden. Pero sus hombres nunca se fueron del todo. Actualmente funcionan cuatro logias en la ciudad, casi en silencio, porque muchos de sus hombres todavía prefieren no revelar su condición. ¿El motivo? Es tan antiguo como sus rituales: temen ser discriminados.
Néstor Di Lorenzo, empresario de 56 años, es el “venerable maestro” de la Logia “Luz y Verdad” N°79 de La Plata. A primera vista, nada en su apariencia lo indica. La confirmación salta dos minutos después desde la solapa de su traje impecable: un prendedor con la escuadra y el compás, herramientas simbólicas de los masones.
“Se llega a ser masón por la búsqueda de la Verdad. El desarrollo personal te lleva a investigar y, en un determinado momento, a averiguar qué es la Masonería”, explica Di Lorenzo y comienza a manejar términos tan absolutos como “verdad” y tan antiguos como “hermanos”, “fraternidad” y “patria”, que lentamente van descubriendo su condición.
Javier Martínez, secretario de la misma logia, ingresó a la Orden hace tres años a través de Internet. La red es uno de los medios más utilizados hoy por los masones porque les permite tomar contacto con la sociedad preservando su identidad. “Todo el mundo puede ser masón; sólo tiene que ser hombre libre y de buenas costumbres”, puntualiza este licenciado en Física de 30 años.
Para los masones, un hombre de “buenas costumbres” implica “ser ética y moralmente un hombre probo y actuar con las reglas morales y éticas implantadas por la sociedad en que habita”. Y llaman “libre” a quien no tiene ningún proceso penal ni judicial, que no se halle impedido de su libertad y que sea “libre de pensamiento”.

La igualdad
En 1998 la Logia “Luz y Verdad” N°79 “levantó columnas” (término utilizado por los masones, o “constructores”, para referirse a la apertura de un “taller”). La iniciativa surgió de un grupo de platenses –integrantes de la Logia “Eureka” de Buenos Aires- que decidió recuperar el nombre de la organización más antigua de la ciudad, desaparecida a principios del siglo XX.
Este espacio está hoy integrado por 25 hombres que promedian los 30 años, aunque también cuentan con un “hermano” de 80. Por tradición -según se justifican- no aceptan mujeres. Entre sus filas se destacan los estudiantes y egresados universitarios. La mayoría son abogados, pero también hay contadores, médicos, empresarios, profesores universitarios y hasta un actor. “Hay masones de todos los colores políticos, de todas las religiones y de diferentes niveles sociales. Todos somos iguales”, asegura Di Lorenzo.
Este “taller” depende de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones y practica el rito Escocés Antiguo y Aceptado de Edimburgo, el culto vigente con más años de ejercicio en el mundo. Como sucede con los otros ritos, el Escocés contempla los tres grados básicos (aprendiz, compañero y maestro) y continúa con treinta grados superiores, donde el masón extiende su formación filosófica.
Di Lorenzo se presenta como maestro masón, y si bien cuenta que ingresó a la Orden hace seis años, prefiere no revelar su grado. De hecho, se muestra mucho más cómodo al hablar de la Masonería en general, que al hacerlo acerca de su logia en particular.

Las piedras
Los miembros de esta logia celebran una vez por semana sus “tenidas” regulares o sesiones del taller. Como carecen de templo propio, costean el alquiler de un salón con una parte de la cuota mensual de 25 pesos que aportan sus integrantes. Si bien no lo confirmaron, actualmente estarían funcionando en el edificio de la Biblioteca Sarmiento, ubicado en 5 entre 43 y 44.
La actividad realizada por los masones dentro de la logia consiste en presentar trabajos de investigación referidos a temas históricos o actuales que exponen ante sus “hermanos” para ser compartidos y debatidos. “Los trabajos son personales, porque el crecimiento es personal, pero la intención es que todos se enriquezcan”, indica Di Lorenzo y, haciendo alusión a los emblemas de la Orden, grafica: “Cuando el aprendiz comienza, es una piedra bruta que, con el mazo y el cincel, se golpea y se pule hasta llevarla a la piedra cúbica”, símbolo masónico de la perfección.
De las puertas del templo hacia afuera, la logia no asume posturas públicas. “Son sus hombres los que, a través del conocimiento, llevan el aprendizaje a su medio profesional y familiar”, remarca Di Lorenzo. Sin embargo, “Luz y Verdad” coordina, desde hace unos años, el Instituto de Pensamiento Libre que una vez por mes realiza charlas abiertas sobre Masonería.
El investigador de Masonería Eduardo Sebastianelli destaca que los masones platenses respaldan la actividad social de sus “hermanos” cuando realizan determinadas obras y proyectos. “Muchas veces –explica- hay centros culturales o entidades que surgen por iniciativa de un masón y que, por detrás, tienen el apoyo de la logia”.
Los motivos por los cuales muchos “constructores” no revelan su condición es porque, en ocasiones, “lamentablemente, pueden perder su trabajo”, apunta Di Lorenzo. Tanto él como Martínez aseguran que el desconocimiento sobre la Masonería genera temor. Pero también afirman que “todavía hay algunos sectores que no toleran que haya grupos que pregonen la libertad y la igualdad”. Aunque aclaran que en La Plata no encuentran ningún tipo de oposición.

El silencio
“Luz y Verdad” es una de las cuatro logias que funcionan hoy en la ciudad. Entre los masones se conocen, pero no se vinculan y prefieren no hacer consideraciones sobre sus “hermanos”. A veces no querer hablar, habla de diferencias.
Eduardo Sebastianelli asegura mantener contacto permanente con los masones platenses. Dice que estos espacios congregan a hombres de diferentes partidos políticos –aunque en su mayoría son radicales- e incluso algunos desempeñan funciones públicas.
En La Plata hay otros tres talleres en actividad: la logia “Pedro Benoit”, que se reúne en la zona céntrica y otras dos que funcionan en las cercanías del Distribuidor y en la localidad de Los Hornos.
La logia que lleva el nombre del ladero de Dardo Rocha, surgió en 1984 y es considerada “la más secreta de la ciudad, porque sus miembros no quieren sentirse influenciados por el accionar de las otras logias”, comenta Sebastianelli y refiere: “Están haciendo algunas obras de beneficencia que no se atribuyen, porque no quieren que la sociedad se entere”.
Al igual que “Luz y Verdad”, este taller practica el rito Escocés Antiguo y Aceptado, y tiene la particularidad de que sus integrantes están divididos por profesiones, porque “como la Masonería es una ‘filosofía de vida’, se considera que entre miembros de la misma profesión pueden entenderse mejor y, de esta manera, aplicar los elementos de la Masonería a sus respectivas profesiones”.
Los dos restantes están integradas por ex miembros de la Logia “La Plata” N°80, que funcionó desde la fundación de la ciudad hasta el año 1979. Estos talleres profesan el rito Memphis Misraim, originario de Egipto y muy extendido en Italia, que llegó a nuestro país con las oleadas inmigratorias. Se caracteriza por contar con 99 grados y admitir a la mujer.
Sebastianelli destaca que estos dos talleres no son regulares porque “trabajan con una Carta Patente –que los habilita a funcionar– emanada desde Chile, cuando el Gran Oriente del rito Memphis Misraim está en Córdoba”. El investigador plantea que las logias deben ser autorizadas por la correspondiente Gran Logia de su país, entre otras cuestiones, porque ese Gran Oriente (del que dependen los talleres) tiene la potestad de inspeccionarlas y de controlar que funcionen adecuadamente.

Las precursoras
“Luz y Verdad” N°79 (creada diez días después de la fundación de la ciudad) y “La Plata” N°80 (impulsada por Pedro Benoit en 1887) fueron las dos primeras logias locales. Sus respectivos números representan el orden de surgimiento que tuvieron en el país.
Según el censo realizado en 1910, “en La Plata había diecisiete logias, por lo que se calcula que eran cerca de 600 masones”, explica María Carlota Sempé, antropóloga y titular de la Cátedra de Arte, Tecnología y Antropología de la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata.
Sempé, que realizó diversos estudios sobre la Masonería en la ciudad, considera que la declinación de la actividad masónica “se debió al cambio de la sociedad y de las relaciones de poder”, porque los masones “eran fuertes cuando los partidos políticos no lo eran”.
La antropóloga sostiene que a principios del siglo XX las logias permitían que sus miembros compartieran actividades con gente de estratos sociales diversos, en un momento en que las diferencias sociales estaban muy marcadas. “En muchos casos ingresar a la Masonería sirve para reunirse en grupo y tener una identidad compartida, reforzada por fines altruistas”.
Entre los talleres que funcionaban a comienzos del siglo pasado figuran los siguientes: “19 de Noviembre” (1906), en 46 entre 2 y 3, donde está hoy la Iglesia Adventista; “Democracia” N°146; “Renacimiento” N°152 (1899); “1° de Mayo” N°219 (1908); “Triunfo y Justicia” N°240; “Guillermo Oberdan” N°255 (1910); “Sol de Mayo” N°258 (1910); “Resurgimiento” N°330; “Streta Uguaglianza” (1889); “Bernardino Rivadavia” (1909); “Florentino Ameghino”; “Porvenir” (1895); “Federal de Maestros” (1893); “Hermanos Siempre Fieles” (1905) y “Hermanas del Plata” (1905). Una estas logias sesionaba en el actual Teatro Princesa, de diagonal 74 entre 3 y 4.

Los fundadores
La actividad de la Masonería se remonta a los inicios de la fundación de la ciudad. O, dicho de otra manera, La Plata fue fundada por masones. Dardo Rocha fue iniciado masón en la Logia “Constancia” N°7 cuando tenía 20 años y estudiaba Derecho. Su padre, Juan José Rocha, también masón, publicó en 1858 el primer Calendario Masónico que se editó en la Argentina. Su principal colaborador, el arquitecto Pedro Benoit –responsable del trazado del plano de la ciudad- ingresó a la Orden en 1836 a través de la Logia “Consuelo de Infortunio” N°3.
El investigador Sebastianelli relata que, tres días después de que salió el decreto para la fundación de La Plata en 1881, “Rocha nombró a la Comisión para el Estudio del Emplazamiento de la ciudad. Y los diez miembros designados eran masones”. A su vez, el Departamento de Ingenieros de la Provincia de Buenos Aires –encargado de diseñar la capital– estaba compuesto por 36 profesionales, de los cuales 29 eran masones, según un cotejo realizado por el investigador.
Con este planteo no resulta llamativo que el plano de La Plata, y muchos de sus edificios, presenten rasgos o símbolos propios de la Masonería. Esta ciudad fue un caso emblemático del siglo XIX, cuando la Orden tenía un gran auge en la Argentina y en el mundo.
Sebastianelli recuerda que el nombre de la ciudad fue propuesto por el poeta masón José Hernández, íntimo amigo de Rocha e iniciado en 1861 en la Logia “Asilo del Litoral” N°18.
El 19 de Noviembre de 1882, alrededor de las 16, fue colocada la piedra fundamental. Se trató de una caja de piedra que contenía otra de plomo, dentro de la cual se colocó una redoma de cristal con diversos documentos, entre ellos, una copia del acta fundacional, la Constitución Argentina, monedas de la época y numerosas medallas de las Logias que participaron activamente en la construcción de la ciudad.

3,1416
Las huellas también aparecen en el plano fundacional. En primer lugar, las diagonales 80 y 79, alineadas con las diagonales 73 y 74, forman la escuadra. En Masonería esta herramienta simboliza la moralidad, la lealtad y la honestidad. La diagonal 77 y la diagonal 78 arman el compás (emblema de la virtud) que, cruzado con la escuadra, conforma el símbolo masónico.
Sin embargo, Sebastianelli considera que estos rastros son “una coincidencia o una fantasía” porque, a su entender, lo más importante del plano de La Plata en el sentido masónico está dado, entre otros aspectos, por el número p, que siempre está presente en la Arquitectura Sagrada.
El investigador observa que el perímetro de la ciudad dividido por la extensión de cualquiera de sus diagonales principales (73 o 74) da como resultado 3,1416.
La filiación masónica de los fundadores platenses, la actividad de las logias a lo largo de la historia y el diseño del plano fundacional, parecen reforzar la afirmación del comienzo: “El que busca a los masones, los encuentra”.

Mitos de bronce
Los investigadores e historiadores de Masonería llevan años tratando de sacudir del imaginario popular platense algunas fábulas que sobrevuelan a los masones que fundaron la ciudad. El posicionamiento de las estatuas de la Plaza Moreno está entre las leyendas que deberán desmitificar de por vida. La fantasía fue disparada en 1993 por el libro “La historia oculta de la ciudad de La Plata”, de Gualberto Reynal. El escritor analiza la ubicación de las estatuas de bronce que representan a las Cuatro Estaciones y la del Arquero Divino –situado en la esquina de 14 y 54– y les otorga significados “oscuros” de los cuales responsabiliza a los masones.
Reynal refiere que la estatua que personifica al invierno y al fuego, ubicada a la altura de 51 entre 13 y 14, apunta con sus dedos índice y meñique hacia la Catedral, mientras que, desde el otro extremo de la plaza, la figura del arquero dirige su flecha (desaparecida desde hace años) hacia el rosetón central del templo.
A partir de ese hecho concreto, se sostuvo que los fundadores de la ciudad, de procedencia masónica, habían colocado las estatuas en esa posición en un intento por neutralizar el poder ejercido por la Iglesia Católica en el siglo XIX.
El investigador Eduardo Sebastianelli hace un nuevo intento por clarificar la situación. La estatua que representa al invierno “no está haciéndole los cuernos a la Catedral, sino que tiene la mano semiabierta porque está cuidando el ánfora donde tiene el fuego”, explica.
Por si esa aclaración no lograra sosegar las imaginaciones más fantásticas, Sebastianelli recuerda que las cuatro efigies –realizadas en la fundición francesa de Val d’Osne– no tenían dicha ubicación cuando se construyó la Plaza Moreno, sino que estaban situadas en las cuatro esquinas del cuadrado. Y, a modo de ejemplo, destaca que aquella que personifica al invierno “miraba en dirección oeste y no hacia la Catedral”.
La leyenda que se dispara desde la flecha del Arquero Divino tampoco parece llegar a buen puerto. Esa obra, perteneciente al escultor Troiano Troiani, “fue colocada en 1970”, con lo cual “no es un monumento de la fundación”, puntualiza.
Los propios masones aseguran que estas versiones “no tienen fundamento de ningún tipo”. Javier Martínez, de la Logia “Luz y Verdad”, sostiene que “como todas las fábulas, ésta también quedó grabada en el imaginario colectivo”. Quizás, por ser de bronce, este mito se hace difícil de derribar.

“Pro Scientia et Patria”
La Universidad Nacional de La Plata mantuvo desde sus inicios una estrecha relación con la Masonería. Esta institución, además de haber sido fundada por miembros de logias, fue uno de los principales reductos de donde surgieron los masones platenses.
La casa de altos estudios fue creada por ley en 1889, a través de una iniciativa impulsada por el entonces senador Rafael Hernández –hermano del poeta José Hernández– que fue iniciado desde muy joven en la Logia “Caridad” N°22 y actuó en la Logia “La Plata” N°80. Esa ley fue promulgada el 2 de enero de 1890 por otro masón, Máximo Paz, integrante de la Logia “Tolerancia” N°4.
El impulso dado a la universidad por la incipiente sociedad platense, no resultó suficiente para que la institución comenzara a funcionar. Por el contrario, la desfavorable coyuntura económica que presentaba la crisis de 1890 obligó a esperar siete años hasta que empezaran a dictarse las primeras clases.
En esa oportunidad se designó la primera Asamblea Universitaria que estaba integrada, entre otros, por Dardo Rocha, José Calderón, Jacob Larrain, Ricardo Marcó del Pont, Adolfo Lascano, Jorge Gorostiaga, Pedro Benoit y Julián Romero, todos masones. Por unanimidad, el cuerpo eligió a Rocha como presidente de la flamante universidad.
Bajo el lema “Por la Ciencia y por la Patria”, el ex gobernador inauguró los cursos en la planta alta del edificio del Banco Hipotecario, situado en la avenida 7 entre 47 y 48, donde actualmente funciona el Rectorado. Entre los oradores que estuvieron se destacó el naturalista Florentino Ameghino, iniciado masón en la Logia “Luján”.
Siete años después, la falta de recursos le puso fin a la era Rocha al frente de la institución. En 1905 la Universidad pasó a depender del gobierno nacional y el entonces ministro de Justicia de la Nación, Joaquín V. González, asumió en 1906 como primer presidente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Por ser hijo de masón, González fue iniciado siendo aún menor de edad en la Logia “Piedad y Unión” N°34 de Córdoba en 1881. Su diploma de masón lleva estampada la firma de Domingo Faustino Sarmiento como Gran Maestre de la Orden. A partir de ese momento, estudiantes, profesores y graduados de la UNLP se acercaron a las logias que funcionaban en la ciudad desde fines del siglo XIX. Este vínculo quedó evidenciado el 18 de noviembre de 1999, cuando la Casa de Cultura de la UNLP inauguró la Cátedra de Libre Pensamiento, con la coordinación del Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina, Jorge Vallejos. Este espacio –que desde el año pasado está bajo la responsabilidad de la Logia “Luz y Verdad”– promueve la realización de charlas sobre Masonería en las diferentes facultades.
Cuando la casa de altos estudios cumplió 100 años, la Masonería colocó una placa conmemorativa en el hall del Rectorado. Los masones y la universidad sellaron así un siglo de historia compartida.

El patrimonio de la fe
“Cualquier religión es inconciliable con la idea de la Masonería, porque toda religión se basa en dogmas y la Masonería no acepta dogmas”, remarca Javier Martínez, de la Logia platense “Luz y Verdad”. Esta afirmación –aclara– sólo rige para la Orden como institución, porque en el plano personal todos los masones deben profesar un credo religioso y, a partir de su creencia, cada uno reconocerá su dios en la figura del Gran Arquitecto del Universo, que es la deidad masónica.
La relación entre la Masonería y la Iglesia Católica registra diferencias históricas. Sin embargo, esto no impide que gran parte de los masones sean católicos y que también haya habido sacerdotes masones, como el cura Hidalgo, paladín de la independencia mexicana, y el padre Calvo, fundador de la Orden en Centroamérica.
Según el investigador Eduardo Sebastianelli, a pesar de la persecución sufrida por los masones en otros tiempos, existe una importante cantidad de miembros que profesan el catolicismo: “cuando se realiza el rito masónico, siempre hay una escuadra, un compás y (si el masón es católico) una Biblia abierta en el libro de San Juan, que es considerado el apóstol más esotérico”.
La excomunión de los masones dispuesta por la Iglesia Católica no es un mito. El Director de Estudios del Seminario Mayor “San José” de La Plata, Luis Ángel Tau, indica que desde el siglo XIX, cuando la Masonería se consolidó como sociedad secreta, hubo más de trece condenas que figuran en el primer Código de Derecho Canónigo (1917). “El nuevo código –si bien no hace alusión directa a la Orden– prohíbe la participación de católicos en sociedades secretas que persigan fines anticatólicos”, puntualiza.
El enfrentamiento con la Iglesia comenzó cuando los hombres de la Masonería –que habían luchado para independizar a los pueblos americanos de la Corona– empezaron a trabajar en pos del laicismo y el librepensamiento, promoviendo las leyes de Cementerios, Registro Civil y del Matrimonio, que limitaron el poder eclesiástico.
Según Tau, también existen diferencias irreconciliables en el plano de la fe. “La Masonería es deísta, porque cree en el dios de los filósofos, que poco tiene que ver con Jesucristo”. Y asegura que “un masón de grado alto nunca es practicante, porque si se es librepensador no se pueden aceptar los postulados de la Iglesia: a Jesús se lo acepta y se es cristiano, o no se es“.

Del gremio a la Presidencia
Los orígenes de la Masonería –o Francmasonería– se remontan a los gremios de la construcción que se formaron en la Edad Media. El término “franc” quiere decir “libre”, y “masón” proviene del francés “maçon”, que significa “albañil” o “constructor”.
En la Alemania de 1440, los masones fueron obligados a vivir en comunidad para construir edificios públicos y, por tal motivo, conformaron asociaciones o logias. Cuando esos gremios evolucionaron y empezaron a edificar grandes catedrales, tomaron conciencia del poder que significaba su conocimiento.
En 1452 se formó un sólo cuerpo integrado por todos los maestros masones alemanes y se asignaron nombres y signos particulares para reconocerse. Además, se ordenaron prácticas secretas que debían acatar todos los afiliados.
La asociación de masones libres estaba compuesta de maestros, compañeros y aprendices. Al entrar a la cofradía, los masones juraban no revelar jamás las formulas y signos de la asociación, así como tampoco los estatutos y oficios.
Los artesanos reconocieron en Dios al Gran Arquitecto del Universo y tomaron los instrumentos de trabajo como símbolos y atributos: el nivel, la plomada y la escuadra se convirtieron en emblemas de orden, medida y equilibrio.
En 1614 ingresaron a las logias hombres provenientes del campo político, intelectual o espiritual, que fueron llamados “masones aceptados” para diferenciarlos de los verdaderos constructores.
La Masonería moderna surge en 1717 con la unión de cuatro logias londinenses que pasaron a formar la Gran Logia de Inglaterra. La Francmasonería inició el proceso que convertiría a las alicaídas logias operativas en poderosas e influyentes estructuras especulativas formadas por masones “antiguos” y “aceptados”. Ya en 1723, el Presbítero Anderson redacta la Constitución Masónica que plantea los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Esta sociedad filantrópica se extendió por Europa y sus ritos se fueron diversificando. Su carácter secreto convirtió a sus miembros en sospechosos. En varios países sufrieron persecuciones políticas y religiosas.
La Masonería recaló en las costas del Río de la Plata a principios del siglo XVIII, cuando los regimientos que llegaron con las Invasiones Inglesas conformaron las primeras logias de Buenos Aires.
La Argentina tuvo, posteriormente, 14 presidentes masones: Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes, Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Manuel Quintana, José Figueroa Alcorta, Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Irigoyen y Agustín P. Justo.

Postulados masones
“La Masonería no es una sociedad secreta, sino discreta”, se encargan de aclarar una y otra vez sus miembros. Y el argumento que esgrimen para demostrarlo se basa en que, desde 1879, poseen la personería jurídica otorgada por el gobierno argentino. En esa oportunidad, la Asamblea Masónica presentó la declaración de principios de la Orden que, aún hoy, resulta el documento más claro sobre sus fines. Algunos de sus postulados:
La Masonería es una institución esencialmente filosófica, filantrópica y progresista. Son sus principios: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad; y su lema: Ciencia, Justicia y Trabajo.
Se propone la investigación de la Verdad, la perfección del individuo y el progreso de la humanidad.
Considera que la moral es tanto un arte racional como un fenómeno evolutivo propio de la vida colectiva, que obedece a las leyes naturales.
Reconoce al Gran Arquitecto del Universo como símbolo de las supremas aspiraciones o inquietudes de los hombres que anhelan captar la esencia, el principio y la causa de todas las cosas.
Para el esclarecimiento de la Verdad no reconoce otro límite que el de la razón humana basada en la ciencia.
Exige de sus adeptos la más amplia tolerancia y por ello respeta las opiniones políticas y las creencias de todos los hombres.
Aspira, por la evolución y el esfuerzo organizado de la sociedad, al perfeccionamiento cada vez mayor de las instituciones sociales, transformándolas en las que satisfagan, dentro de un régimen de libertad, justos anhelos de mejoramiento.
Procura por todos los medios lícitos a su alcance, dignificar al hombre capacitándolo, por un desarrollo superior de la conciencia, para el mejor y más amplio uso de los derechos y libertades.
Reconoce en la fraternidad la condición primordial del género humano, es sustantivamente pacifista y considera a la guerra como un crimen horrendo.
Estima que el trabajo es un deber esencial del hombre y como tal lo dignifica y lo honra, sin establecer distingos ni categorías, pero juzga que el descanso es un derecho y se esfuerza porque la vejez, la invalidez, la infancia y la maternidad gocen de los beneficios del amparo colectivo a que son acreedores.

La Verdad Divina
“La investigación de la Verdad, es el objeto esencial de la Masonería, lo cual se verifica desde el momento de la iniciación hasta la consumación de este designio. El Aprendiz da principio a su investigación buscando la luz, la que simboliza en la PALABRA, que es al mismo tiempo el símbolo de la VERDAD. Prosigue su investigación como Compañero masón, buscando la luz. Y el Masón Maestro, con la creencia de que él la ha logrado, obtiene solamente su sustituto; pues la Verdadera Palabra, la Verdad Divina, no habita en el templo de nuestra vida terrenal, sino en el segundo templo de la vida eterna”.
(De la Enciclopedia de la Francmasonería de A. Gallatin Mackey)

FANTASÍA SUBTERRÁNEA. LA PLATA Y SUS MITOS FUNDACIONALES

Por: Daniela Escribano, Fernanda García Germanier y Carlos Vázquez.

“Cuando se participa de la realidad de los medios, no hay que olvidar que se obtiene de ella sólo una parte” -Christian Doelker-
Encarar este proyecto de producción como culminación de nuestro proceso académico dentro de esta Casa de Altos Estudios, será una forma de convalidar un camino que nos llevó a elegir este campo como futuro espacio laboral, en donde ejercer nuestro rol como profesionales de la comunicación.
La realización de un documental que involucre la fundación de la ciudad de La Plata, se presenta como una novedad, puesto que creemos que participar a la sociedad de los mitos y leyendas que circundan esta temática, es una forma original de conectarla con la historia. Este trabajo resultará relevante para los platenses, por la identidad de pertenencia que los vincula con el lugar.
Aspiramos a que nuestra tesis aporte al campo de la comunicación audiovisual una propuesta inédita en cuanto a su contenido y estrategia de relato, incentivando el repaso y el análisis histórico. Del mismo modo, nos proponemos que el trabajo se oponga a la legitimidad única de la palabra escrita, proponiendo la visualización de un material de comunicación oral y escénica.
El conjunto social podrá disfrutar de un producto periodístico, histórico y educativo que le servirá para conocer versiones alternativas de la historia manualizada, y tomar conocimiento de las raíces de una de las ciudades más importantes de Latinoamérica.

Es por ello que la idea motivadora del trabajo a realizar tiene como eje fundador la intención de producir y gestar un material audiovisual cuyas características estéticas y técnicas se encuadren dentro del quehacer documental. A partir del objeto investigable al que denominaremos -como estructura macro temática- “mitos y leyendas que subyacen a la fundación de La Plata”, apuntaremos a la generación de una labor factible de ser insertada dentro de los enconos de la producción documental, en donde ambos soportes –material y contenido- se entremezclen, derivando en un producto que refleje la integración de los conceptos aprehendidos durante el curso de la Licenciatura en Comunicación Social.
Es necesario realizar un recorte temporal de acuerdo a los preceptos principales de la cocina audiovisual. En consecuencia, acordaremos un enfoque que abarque el período comprendido entre 1880 y 1890, asumiendo el trabajo de realizar una práctica que signifique un lapso con importantes sucesos sociales, económicos y políticos. Entre los principales, la necesidad política de fundar una ciudad como capital de la provincia de Buenos Aires, su delineamiento arquitectónico, la crisis económica del `90, los gobiernos de esa década y el incremento demográfico experimentado durante esos años.

Consideramos interesante una producción que aborde tal contenido, en primera instancia, porque no se hallan videos documentales -según aquello que pudimos consignar hasta el momento- que tengan como motus tal propuesta. En segunda instancia porque, a priori existirían ciertas historias mitificadas respecto a lo que concierne a la fundación de la ciudad y a sus primeros años de vida. Por ejemplo, encontramos que los planos de La Plata, tradicionalmente adjudicados al ingeniero Pedro Benoit, quien se habría inspirado en los de una ciudad perfecta diagramada por la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de Begún”, no serían de su autoría. En realidad el gestor sería Carlos Glade, quien además tomó como modelo el Ducado alemán de Karlsruhe y no la ficción del escritor francés
[1][1]. De esta manera, podría tener lugar una historia alternativa que vendría a oponerse a la oficial (entendiendo este último término como el relato que reproducen las Instituciones), y que a su vez -en algunos casos- engendraría la aparición de leyendas y mitos en torno a la temática.

Integrados en la búsqueda de lineamientos antecedentes correspondientes a la tarea de producción iniciada, pudimos confrontarnos con objetos comunicacionales que serán los enclaves fundamentales a la hora de organizar el trabajo. Estos servirán a la designación del material utilizable y del desechable.
Como fuentes audiovisuales, recurrimos a las videotecas platenses obteniendo como resultado de la búsqueda el contacto con tres propuestas: “La Plata, ciudad abierta. Recorrido turístico”, “La Plata, Patrimonio Cultural de la Humanidad” y “La Plata. El sueño de los fundadores”. Las tres producciones fueron realizadas por el Municipio de la ciudad.
No obstante, ninguna ofreció un aporte considerable al plan de tesis iniciado. La totalidad del material recabado, de duración efímera, encuentra su finalidad en la exposición turística de los sitios más importantes del territorio; asimismo, se dedica a contar brevemente la historia de la fundación, incorporando sólo recursos de voz en off, y muestreo de fotos. Se trata de un material cuyo contenido está configurado para posicionarse como elemento de difusión de la gestión del gobierno actual.
Siguiendo con el rastreo temático, emprendimos la revisión de material teórico. Nos referimos al trabajo con artículos, volúmenes enciclopédicos y libros. Entre la bibliografía rastreada, hallamos una serie de libros cuyo contenido aporta nociones básicas acerca de la historia de la ciudad. A saber: “La ciudad de La Plata, sus tierras y sus arquitecturas” de Alberto De Paula, la “Fundación de la ciudad de La Plata” de Antonio Salvadores, “La Plata a través de los viajeros 1882-1912” de Alfredo Amaral Insiarte, “La historia oculta de la ciudad de La Plata” de Gualberto Reynal y “Crónicas de la Ciudad Perfecta” de Claudia Bernazza.
En el texto de De Paula, se desarrolla un análisis arquitectónico historicista de los principales edificios de la ciudad. Además se incluye el proyecto urbanístico de La Plata y las características de su trazado. Este autor, además, trabaja con la historia previamente narrada respecto al plano fundacional de la ciudad (retomada en el artículo “El plano del alemán”).
Por su parte, el libro de Salvadores nos sirve como complemento histórico, ya que al abocarse al período que hemos recortado, nos aporta variados datos sobre el modelo político y económico, los usos y costumbres, y modos de vida de La Plata en sus primeros años.
En el libro de Amaral se hace un pormenorizado detalle de las publicaciones que existen referidas a los primeros treinta años de la ciudad. Allí aparecen varias sinopsis de estos textos, las cuales son guías útiles para ampliar las fuentes documentales a consultar. En ellas aparece una visión más cotidiana de los pobladores y los lugares de la comuna, desde la perspectiva que tienen los contemporáneos acerca de los fundadores que visitaron la ciudad durante esas tres décadas.
Gualberto Reynal, en su libro “La historia oculta de la ciudad de La Plata”, se refiere principalmente a la influencia negativa que reciben los habitantes, a causa de la tradición masónica inscripta en los planos fundacionales, y en los principales edificios y monumentos que se encuentran en la ciudad. Consideramos que la masonería es una práctica que abre ciertos interrogantes y despierta curiosidad entre los pobladores de ayer y de hoy, y es por ello que abordaremos esta arista de estudio, funcional a nuestro objeto de investigación.
Cercana a la visión negativa de Reynal, Bernazza escribe una novela basada en una recopilación de crónicas periodísticas de los diarios de los primeros años de La Plata. Allí se narran una serie de asesinatos y delitos relacionados con la historia política que emana de los intereses puestos por el gobierno nacional de la época. El relato de dichos cometidos, nos servirá a la exploración de ciertas historias que se entrecruzan con la veta mitológica que pensamos indagar.
Siguiendo con el desarrollo temático, incorporamos un número de la colección dirigida por el historiador Félix Luna y publicado por el diario Crónica en 1992, que trabaja específicamente los detalles del nacimiento de la ciudad en cuestión: “Historia de la Argentina, Fundación de La Plata”. Las anécdotas e historias cortas que presenta el texto, resultarán eficaces como fuente de consulta para realizar los guiones destinados a reconstruir el contexto de dichas jornadas épicas.
Por otra parte, también comprendimos la necesidad de hacernos eco de los procederes documentales, y en consecuencia accedimos al texto “La realidad documental” de Christian Doelker, el cual brinda un detalle de las características principales de dicho soporte. A su vez, da cuenta de los recursos utilizables a la hora de la realización, los que serán evaluados y tenidos en cuenta en el proceso de producción.
Según este autor, el registro documental consiste en “ir hacia el mundo, captar su facticidad y respetarla. Si bien el proceder documental no es capaz de superar el acontecimiento, siempre queda conservada la referencia a dicho hecho”. Así llega a distinguir tres modos de proceder documental: la Autorepresentación, la Reconstrucción y el Registro Sumarial. De ellos sólo utilizaremos los dos últimos.
La Reconstrucción “se aplica cuando se trata de acontecimientos que ya forman parte del pasado, es decir que donde no existe material para reconstruir un hecho se imponen medidas reconstructoras, tales como la representación”. Es por ello que este tipo de registro será el más recurrente a la hora de recrear los episodios históricos que datan de fines del siglo XIX.
Se entiende por Registro Sumarial, “un acontecimiento seguido y registrado por un testigo”. En nuestro material, dicho proceder será destinado exclusivamente a las entrevistas y registros que constituirán el complemento de las recreaciones históricas.
No obstante, contactamos, además, documentales no referenciales a la temática elegida, tales los casos de “Mala Junta” de Eduardo Aliverti, “Bowling for Columbine” y “Fahrenheit 9/11” de Michael Moore. Estos materiales serán considerados al tiempo de determinar los recursos técnicos y estéticos.
Por un lado, rescatamos la apelación al uso de la reconstrucción ficcionalizada –principalmente en “Mala Junta” (por ejemplo, cuando la cámara acompaña un falcón verde en su recorrida por un barrio porteño)-, elemento que creemos fundamental para poder relatar de una forma novedosa, sin incurrir solamente al recurso de las fotografías –uno de los pocos registros visuales existentes a fines del siglo XIX-. Confiamos en su eficacia a la hora de montar nuestro texto fílmico, pues dataremos de mitos y leyendas urbanas, que recrearemos a partir de actuaciones pertinentes.
Por otro lado, echaremos mano del uso de la entrevista presencial-registrada -fuertemente manifiesta en los documentales de Moore- como una estrategia metodológica que permite el rastreo de diferentes voces y personajes, sujetados al interés de la producción.
Cabe destacar que otro de los logros que el documentalista norteamericano obtiene en sus trabajos, es el dinamismo narrativo, modelo que aspiramos a concertar en nuestra producción.
A su vez, obtuvimos como antecedentes dos tipos de tesis de producción documental realizadas en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP: “Cautivo en mi tierra” de Jorge Canals y Fernando Ghersi y “La fascinación del mal. Una mirada sobre la cámara oculta” de Julián Vaccarini.
Del primer trabajo pudimos rescatar el orden y la precisión asignada al formato de la memoria gráfica, donde se detalla cada uno de los momentos transitados por el grupo durante la realización de su tesis. Asimismo, valoramos la utilización del subtitulado (que facilita la difusión ante los sordomudos) y un recurso no debidamente explotado, como es la filmación del amanecer para iniciar el video.
No obstante, percibimos varias falencias en cuanto a la producción, filmación y puesta en escena, tales como la falta de videograph, el mal empleo de la escala de planos y sus significados, los planos insertados sin justificación y la ausencia de voz en off en momentos que se exige. De esta manera, desistimos de la idea de adoptar estos últimos aspectos en la elaboración de nuestro documental.
En tanto el segundo trabajo, cuenta con una edición que sostiene el hilo conductor con talento, lo que otorga dinamismo a un documento audiovisual que sólo usa entrevistas y material de archivo. A su vez, el realizador emplea una segunda cámara -que simula ser oculta- para acentuar ciertas frases de sus entrevistados, editorializando el contenido. También tendremos en cuenta el uso de recursos tales como la música, que en este material antecedente otorga ritmo y continuidad a los testimonios expuestos, dándole unicidad al documental.
No obstante, amparados en la intención de que la reconstrucción se presente como la forma de relato más auspiciante en el transcurso de nuestra tesis, contactamos a los historiadores Osvaldo Bayer y Felipe Pigna.
El primero será de gran aporte teórico a la hora de guionar nuestro trabajo, teniendo en cuenta que ha cumplimentado esa función en algunos films como, por ejemplo, “La Patagonia Rebelde”.
El segundo, además de ser un estudioso de la historia, es el artífice conceptual del programa televisivo “Algo habrán hecho. Por la historia argentina” emitido por Canal 13 durante el año 2005, realizado por la productora Cuatro Cabezas. Esta emisión televisiva es considerada de gran aporte, ya que tuvo algunos fines similares al de nuestra producción: develación de historias ocultas y reconstrucción de hechos del pasado. En el envío, junto al conductor Mario Pergolini, Pigna efectuó un recorrido por la historia del país no formalizada, a través de la recreación de escenarios y personajes de época.

A partir de este bagaje bibliográfico, teórico y práctico, planeamos un trabajo de tesis que se proyecte en centros culturales de la ciudad, y obtenga una difusión masiva. Nuestro objetivo no es delimitar un determinado receptor (en referencia a género, nacionalidad, condición social) sino auspiciar el acercamiento de toda persona ávida por conocer el pasado de la capital de la Provincia de Buenos Aires, a través de los mitos y leyendas de sus primeros años de vida.

ANEXO


La revancha del documental

“Hay una presencia notable de documentales entre los estrenos locales”, afirma Ana Amado
[2][2]. “Sucede en todo el mundo, pero a diferencia de la tendencia general a las exploraciones autobiográficas, el documentalista local se vuelca más a un registro social o a investigar la historia[3][3]. Hay una gran tradición que empieza con la escuela documentalista de Santa Fe de Fernando Birri desde la década del `50 hasta la del `70, en la que el género era herramienta del activismo político. Me refiero a hitos como Tere dié y La hora de los hornos, que sustentaron prácticas y teorías bien nuestras, como las del Tercer Cine. El pasaje que hubo de aquel documental político al social de estos tiempos, se encuentra en las últimas películas de Pino Solanas y en la enorme producción alrededor de la crisis del 2001. Soy una entusiasta del género por el grado de creación que permite, porque libera las posibilidades del lenguaje del cine. Podría pensarse que este auge es una revancha del género, porque el cine nació documental hasta que en algún momento decidió que lo suyo era la ficción narrativa”[4][4].




BIBLIOGRAFÍA

* AMADO, Ana. “La revancha del documental”. Clarín. Buenos Aires, 30 de abril de 2006. Suplemento Zona.

* AMARAL INSIARTE, Alfredo. “La Plata a través de los viajeros. 1882-1912”. Ministerios de Educación de la Provincia de Buenos Aires, 1959.

* BERNAZZA, Claudia. “Crónicas de la Ciudad Perfecta”. Colección Libros de Famalá, ediciones Al Margen. Argentina.

* DE PAULA, Alberto S. J. “La Ciudad de La Plata, sus tierras y su arquitectura”. Edición del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1997.

* DIETRICH, Fabricio. “El plano del alemán”. Revista Tiempos. La Plata, marzo de 2006.

* DOELKER, Christian. “La realidad documental”. Colección Punto y Línea.

* LUNA, Félix. “Historia de la Argentina, Fundación de La Plata”. Diario Crónica. Buenos Aires, 1992.

* REYNAL, Gualberto. “La Historia oculta de la Ciudad de La Plata”. Imprenta Bi Tonner.

* SALVADORES, Antonio. “Fundación de la ciudad de La Plata”. Archivo histórico de la Provincia. La Plata, 1932.


[1][1] DIETRICH, Fabricio. “El plano del alemán”. Revista Tiempos. La Plata, marzo de 2006.
[2][2] Ana Amado es profesora de Análisis y crítica cinematográfica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

[3][3] Las negritas son de nuestra autoría.

[4][4] AMADO, Ana. La revancha del documental. Clarín. Buenos Aires, 30 de abril de 2006. Suplemento Zona.

La Plata en blanco y negro

Uno de los obreros de la construcción de la Catedral (los primeros ladrillos se pusieron en 1884) inmortalizó en imágenes la ciudad capital que estaba en ciernes, en los albores del siglo pasado. Hoy forman parte de la colección privada de uno de sus hijos, que la expone en el Museo del Servicio Penitenciario. Por Esteban M. Trebucq Diario Hoy
Don Juan Alvarez trajo su inconfundible acento español de su tierra natal junto a un puñado de sueños y un inquebrantable apego al trabajo. Fruto de su esfuerzo, junto al de otros anónimos obreros, hoy la Catedral luce tan esbelta como sólida.
De pocas palabras, Juan fue picapedrero en los primeros días de ese sueño neogótico que iba a erigirse frente al centro neurálgico de la ciudad en ciernes. Fue testigo directo de los cimientos, de los primeros ladrillos y del primogénito impulso de la capital bonaerense. Todo esto lo dejó inmortalizado para la posteridad en imágenes en blanco y negro, que el más pequeño de sus cinco hijos, Jorge Abel, desempolvó de un viejo arcón. Muchas de ellas hoy son fotos inéditas de una ciudad que ya no es, que encierran un valor histórico emotivo incalculable y que pueden apreciarse en una singular muestra en el Museo del Servicio Penitenciario (35 entre 5 y 6). “Este soy yo”, señala Jorge de 82 años y avezado profesor de talla en madera, que aún conserva a 60 alumnos, a quienes les transmite sus caudalosos conocimientos. En la foto es el único de pantalones cortos, debajo de la pétrea pose de su padre, en el primer nivel de la Catedral en plena construcción.“Nunca me contó que tenía todas esas fotos, pero evidentemente era coleccionista. Todo estaba prolijamente guardado en un ropero”, cuenta Jorge, mientras se desvive por explicar cada una de las 83 imágenes que forman parte de la mejor herencia. Muchas fueron tomadas por su padre, otras por él en el mismo sitio luego del paso de los años. Así, por ejemplo, puede verse la esquina de 7 y 50 cuando todavía estaba la estación de trenes y otra más reciente, con el Pasaje Dardo Rocha reluciente y los florecidos jardines de la Legislatura.

Para el asombro
Hay curiosidades por doquier: en casi ninguna de las fotos, que son de lugares públicos, se ven mujeres. Apenas se puede individualizar a una de largas polleras cruzando la avenida 1 cuando ya estaba la estación de trenes en la intersección con 44. También llama la atención un grafitti que exhorta a votar en blanco en una de las paredes del viejo mercado, en 49 entre 3 y 4. En la década del ‘70, todo fue tirado abajo: hoy queda una manzana descubierta (es una playa de estacionamiento) en pleno centro de la ciudad. Desde el interior de la cancha de Gimnasia fue tomada otra foto que muestra a decenas de autos amontonados en un día de partido sobre la avenida del Bosque. Los vehículos están dispuestos del mismo modo que se ubicaban hasta hace apenas unos meses cuando allí jugaba el Lobo.
También puede apreciarse un erguido molino en la estación de Policía, actual sede del ministerio de Seguridad, en 2 entre 51 y 53. La avenida 60 frente a la Facultad de Ciencias Agrarias, aún de tierra, parece sacada del túnel del tiempo. En realidad es así, tiene casi un siglo. Diversas tomas del predio del colegio Nacional (1 y 49), primero cuando allí estaba la residencia de los gobernadores, y luego cuando fue levantado el actual edificio, completamente enrejado y rodeado de muy pocos árboles.
Una foto que parece tomada desde uno de los balcones del Palacio Municipal, con la Catedral a medio hacer brinda una panorámica de una ciudad baja, y en la que pueden divisarse claramente los límites. Sólo se destaca el edificio de 12 y 50 (donde hoy está UPCN), el del Arzobispado (era del arquitecto D’Amico), la larga construcción que hizo construir el fundador Dardo Rocha en menos de dos meses y el palacete declarado patrimonio histórico de la ciudad, que actualmente es de la familia Mammoni (sobre diagonal 73 y 14). Alrededor de la plaza Moreno, que en el medio tenía un pequeño lago, prácticamente no se ve otra cosa. De este sitio emblemático de La Plata hay, en blanco y negro, una toma desde el portón de ingreso al Palacio Municipal, ubicado del otro lado de lo que hoy es 12. En ese momento, la arteria no existía a esa altura, y formaba parte del parque que estaba delante de la sede del intendente. La memoria de don Juan y su hoy exteriorizada pasión por la fotografía permitieron describir cada uno de los puntos más importantes de esa capital todavía surcada por carros, tranvías y con más tierra que adoquines en sus calles. Una ciudad, en blanco y negro.

Album de la familia que forjó el nacimiento de nuestra ciudad
Las fotos son verdaderas reliquias que se conservan en el Museo Dardo Rocha. Gran parte de ellas nunca fue exhibida públicamente. Pertenecen a diferentes donaciones de los descendientes. Reflejan un pasado romántico, de prolijas vestimentas y suntuoso en bienes. También lugares comunes de la familia

Postales de un pasado lujoso en bienes e ideas, gran parte de las imágenes que ilustran estas páginas nunca fue dada a conocer públicamente. Las fotos integraron los archivos familiares de los descendientes del fundador de La Plata, Dardo Rocha y de su esposa, Paula Arana, y desde mediados del siglo pasado se conservan con meticuloso cuidado en el museo y archivo ubicado frente a la plaza Moreno. Prácticamente ninguna de ellas está en exhibición, pero con un pedido previo sí pueden consultarse. La familia Rocha-Arana era tan numerosa como particular. Dardo y Paula eran primos hermanos, dos de sus hijos fallecieron de pequeños y, contra todo lo que se cree, nunca vivieron en la metrópolis que él fundó el 19 de noviembre de 1882. Abogado, militar, diplomático y gobernador, Rocha nació en la ciudad de Buenos Aires el 1° de septiembre de 1838. Sus padres fueron Juan José Rocha (un conservador militar) y doña Paula Arana. Como soldado, participó en 1859 de la lucha entablada entre Buenos Aires y la Confederación, con el cargo de teniente de Marina y secretario del jefe de la Escuadra. Al asumir el gobierno de la Provincia en 1881, anunció el firme propósito de solucionar las discordias suscitadas por la “decapitación” de la Provincia y en marzo de 1882 envió el proyecto a la Legislatura para erigir la nueva Capital. Aprobada la ley, dispuso que el 19 de noviembre de ese mismo año se colocara la piedra fundamental en un acto que no concitó la atención del público en general, como quedó reflejado en una litografía alusiva a la ceremonia que fue transmitida de generación en generación. Pese a ello, fue un día trascendental. Fruto de su matrimonio, tuvo cinco hijos: Carlos Dardo, María Celia, Jacinta Haydé, Matilde y Melchor Ponciano. Estos dos últimos fallecieron cuando eran chicos. La breve historia de Ponciano (Pompón, como le decía su familia) quedó marcada para siempre en la ciudad de las diagonales. Murió el 22 de abril de 1883. Ese mismo año, para el primer aniversario de la incipiente capital, su padre le puso el nombre de San Ponciano a la parroquia inaugurada en diagonal 80 y 48. Fue un doble homenaje: en honor a su amado hijo y porque Rocha era muy devoto de San Ponciano, hoy el Patrono de la ciudad. Juan Emilio Arana, sobrino nieto del fundador, que nació y vive en La Plata, tiene un parecido físico con Pompón. Así se lo hicieron saber en reiteradas ocasiones. Una de las personas que más conocen sobre la historia de esta numerosa familia es Silvia Fajardo, encargada de la biblioteca del museo Dardo Rocha, que la atiende con profesionalismo y cariño desde hace varios años. De tanto seleccionar y detallar las imágenes que fueron donadas por los descendientes en 1949, primero, y luego a fines de la década de los ‘60, Silvia individualiza con un sólo golpe de vista a cada uno de los integrantes. “Esto me llama la atención: todos los hijos fueron fotografiados de pequeños en el mismo tronco. Estaría en el estudio de fotografía”, especula la mujer, dueña de una prodigiosa memoria, con las imágenes en blanco y negro. El Museo fue creado por ley provincial en 1949; un año más tarde, el Estado provincial compró el inmueble de 50 entre 13 y 14 a Jacinta Haydé Rocha de Bond y a María Celia Rocha. En 1952 se abrió al público con un patrimonio integrado por diversas donaciones de los familiares, desde documentos hasta las galeras que usaba Dardo Rocha, las cuales se pueden ver en las fotos de estas páginas; postales de ese pasado ligado para siempre con la ciudad que ya tiene 124 años. Colaboración: Silvia Fajardo y Mario Ramírez, director del Museo Dardo Rocha


Mainetti destacado en la cena de la Ciudad

José María Mainetti fue elegido como la personalidad más destacada de la Ciudad durante la cena de la Fundación Florencio Pérez por el aniversario de La Plata. Y en una elección que repitió algunos resultados del año pasado, los asistentes coincidieron en que la inseguridad es el problema más grave de la Ciudad, la que bajó su calificación general a 6,28 sobre 10, aunque sigue teniendo un puntaje más alto que la Provincia y la Nación.La encuesta se efectuó entre los asistentes a la cena celebrada el sábado pasado en el Pasaje Dardo Rocha y fue elaborada y procesada por la consultora Giacobbe & Asociados por cuarto año consecutivo. La consulta estuvo referida al estado actual de la Ciudad, la Provincia y el país (de 0 a 10), los mayores problemas de La Plata y la personalidad más reconocida por su contribución al bien común.
LOS MAS DESTACADOS
Un total de 488 personas sobre un total de más de 600 asistentes contestaron las preguntas y así se determinó quiénes son las personalidades más reconocidas. En primer lugar resultó el doctor José María Mainetti (34 votos), mientras que le siguieron el doctor Luis García Azzarini (29 votos) y el padre Rubén Marchioni (21 votos). Y cabe recordar que en la cena anterior, los tres habían sido mencionados entre las 6 personalidades más relevantes.En los años anteriores habían sido elegidos como las personalidades más reconocidas por su labor en favor del bien común el padre Carlos Cajade (1998), la doctora Ana Mon (1999) y el fallecido cardiocirujano René Favaloro (2000). Y cabe consignar que los asistentes a la cena anual de la fundación Florencio Pérez son, en su mayoría, dirigentes de instituciones culturales y deportivas, empresarios, políticos, funcionarios y profesionales de distintos ámbitos.
LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE LA CIUDAD
Los asistentes a la cena de la Fundación insistieron además, por cuarto año consecutivo, en que la inseguridad y el desorden en el tránsito son los principales problemas de la Ciudad. En el tercer lugar de la lista también se repite la respuesta de años anteriores: la falta de limpieza en la Ciudad. Luego siguen los reclamos por el escaso espacio disponible para estacionar, la corrupción política y la baja calidad de los políticos.Sin embargo, este año irrumpió una respuesta novedosa en el 10º puesto: las trabas a las inversiones, lo que incluye reclamos por la habilitación de countries y edificios de altura.Otros problemas resaltados por los asistentes incluyeron el pésimo estado del pavimento, la recolección de basura, las veredas rotas, la falta de trabajo, los desagües pluviales y otros 37 temas menores.23-11-2001

Amarillento y trascendente, un documento atesora aquellos días patrióticos de Mayo

A 196 años de la Revolucion

Es una réplica facsimilar de las Actas de Mayo. Está celosamente guardada en una sala especial de la Biblioteca Pública de la UNLP. En ella, se dejan ver los fragorosos debates del Cabildo del 22, el acuerdo del 25 y la Proclama de un día después, entre otros hechos históricos. Exhibe las curiosidades de la época y hace recordar los fuertes ideales de nuestros revolucionarios
“Tenéis ya establecida la Autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones y calma todos los recelos”. Así empieza la Proclama de Mayo que se puede leer intacta, aunque algo amarillenta, en una réplica facsimilar de las actas del aquel épico 1810, que está celosamente guardada en una sala especial de la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), junto a más de 600.000 obras de diferente valor literario e histórico. Fechada el 26 de mayo de ese año, después de la constitución del Primer Gobierno Patrio, lleva las firmas del presidente, Cornelio Saavedra, los secretarios, Mariano Moreno y Juan José Paso, y los vocales Manuel Alberti, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan Larrea y Domingo Matheu. Todos eran crio-llos excepto éstos dos últimos, comerciantes españoles (ver los perfiles aparte). El documento está acompañado por decenas de cartas originales y hojas sueltas inéditas de esos días, donde se puede ver el mes escrito como “maio”, la correspondencia hacia un alto mando dirigida como “gefe” o la conjugación del verbo estar como “estubo”. Estas curiosidades forman parte de un plexo bibliográfico de incalculable trascendencia cultural, que recobra interés en una fecha tan clara a los sentimientos de nuestro pueblo como la que se recuerda hoy en toda la geografía argentina. En las actas también están plasmados los fragorosos debates del 22 de mayo, la medular intervención de Castelli que derivó en el cese de la autoridad virreynal (Baltasar Hidalgo de Cisneros), el radicalizado voto del obispo Benito de Lué y Riega contra los revolucionarios y casi todo lo que legó esa época patriótica que, lejos de plasmar un Gobierno sólido, dejó grietas y heridas que no cerrarían sino hasta muchos años después. Una réplica similar de las Actas está en la otra biblioteca centenaria que tiene la capital bonaerense: la Joaquín V. González, que funciona en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNLP. Allí también se guarda como una verdadera reliquia. Con tinta indeleble, en tan cuidadosa como apresurada cursiva, las Actas que inmortalizaron esas discusiones, de tono subido pero una verba que hoy llama la atención, también dejan traslucir las ideas morenistas de su tan polémico como vital Plan de Operaciones de Mayo. Y la conmoción que causó la llegada de un viejo barco desde Europa con las primeras noticias que daban cuenta de la captura de Fernando VII a manos de Francia, disparador final que propició la Revolución. Ni la publicación de un bando por parte de Cisneros, el 18 de mayo, para que el pueblo se mantuviera fiel a España, invadida por las tropas napoleónicas, pudo calmar los ánimos patrióticos. El nacimiento Los historiadores coinciden en que esa revolución fue la consecuencia lógica de todos los pueblos que buscan independizarse en algún momento, y que el cambio se caracterizó (más allá de las lógicas diferencias) por estar dotado de fuertes ideales patrióticos. “A partir del 25 de mayo nace la Argentina”, les recuerda todos los años a sus alumnos el profesor Fernando Barba, titular de Historia Argentina de la Facultad de Humanidades de la UNLP. También se apena porque ese sentido de Nación que surgió en aquellos días se ha “pervertido” a raíz de los diferentes gobiernos y del descreimiento casi generalizado hacia la clase política. Para el historiador local, ser patriota no es ponerse una escarapela o portar una bandera celeste y blanca, sino “trabajar todos los días, cada uno desde su profesión, por la Patria”. “Hay que recordar -agrega- que hubo gente, como la de 1810, que peleó, luchó y murió por sus ideales”. Las diferentes caracterizaciones de Patria, que pueden hurgarse en distintos volúmenes organizados por viejos ficheros o en una base de datos digitalizada de la Biblioteca Pública, conducen hacia una idea de padres (pater) y de terruño. Es decir, de lo que constituye nuestro pasado, nuestra historia y de lo que es nuestro hoy en día. La Real Academia Española, por ejemplo, la conceptualiza como “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. El trabajo facsimilar exhibe un lustroso Escudo de Armas, una representación litográfica del Cabildo y todos los integrantes de esa Primera Junta que, producto de las mencionadas internas, duró apenas unos meses (hasta diciembre). Fue sucedida por la Junta Grande de enero a septiembre de 1811; la Junta Conservadora de septiembre a noviembre de 1811; el Primer Triunvirato de septiembre de 1811 a octubre de 1812; el Segundo Triunvirato desde aquella fecha a enero de 1814 y luego el Directorio, hasta febrero de 1820. Durante esos diez años, el Cabildo de cada ciudad representaba la soberanía local pero, al mismo tiempo, se intentaba construir un poder estatal centralizado, intento que se frustra, al menos hasta 1853. “El pueblo quiere saber de qué se trata” se lee con la misma claridad con la que lo exclamaron los criollos aquel 25 reunidos en la Plaza Mayor en esas crujientes hojas. Minutos más tarde se enteraron de la conformación del Primer Gobierno Patrio, que 196 años después se recuerda en un país que se forjó con fuertes ideales; los mismos que hoy -más nunca- deberían ser honrados.

La fantástica historia de Carniquicho, el perro más famoso de La Plata

Leyendas urbanas

Carniquicho era un perro raza perro, que supo ganarse la amistad de quienes paraban en la vieja confitería París. Viajaba en micro y acompañaba a sus amigos. Su captura, por parte de la perrera, desató una movilización popular. Tan grande fue su fama que Antonio Carrizo lo invitó a su programa
Así como tiene un trazado ejemplar que es admirado en el mundo entero, La Plata también atesora un amplio catálogo de mitos, anécdotas y leyendas urbanas, cuyos protagonistas -humanos o no- perduran en el recuerdo de aquellos que hoy peinan canas o, en el peor de los casos, ya no tienen qué peinar. Muchas de esas historias -entre ellas la que nos ocupa- llegaron a trascender los límites de la metrópoli, para cobrar una notoriedad que bien vale la pena rescatar del ostracismo. Despertaba la década del ‘60 con todo su bagaje político, artístico y cultural cuando, tímidamente y sin que nadie lo llamara, irrumpió en escena Carniquicho, un personaje regordete, amigable y entrador, que no tardó en conquistar uno de los grandes escenarios sociales con los que por entonces contaba nuestra ciudad: la emblemática esquina de 7 y 49. No era un bohemio, amigo de las charlas largas y distentidas. Cómo podría llegar a serlo, si ni siquiera había sido bendecido con el don del habla. Es más, Carniquicho no era humano, sino un perro, raza perro que a diferencia de Lassie no necesitó de la chapa de los grandes linajes, para ganarse su lugar en el mundo. De tonalidad té con leche -expresión a la que suele apelarse cuando el color es más bien difuso-, andar cansino y mirada complaciente, el pichicho estableció su parada en la vieja confitería París, para recibir las caricias y los donativos (alimenticios), de aquellos muchachos que solían juntarse sin más excusas que el saludable culto a la amistad. Cuentan quienes tuvieron la dicha de conocerlo que irrumpía de nochecita, generalmente sin anunciarse (es más, el muy pillo lo hacía de manera enigmática como para no levantar la perdiz). Peregrinaba luego por los bares de la zona, y bien entrada la madrugada abordaba el micro 7 para ir a descansar quién sabe a dónde. Subía con alguno de los muchachos, es cierto; pero nadie sería capaz de negar que el misterio se fue con él. Algo es seguro: al día siguiente volvía a aparecer para repetir la rutina, que sólo se interrumpió aquella vez que cayó en cana. Sí, el pobre Carniquicho -que nada tenía que ver con los desprestigiados cimarrones del Bosque, que décadas más tarde lo sucedieron- durmió a la sombra, y por extraña paradoja del destino, eso fue lo que catapultó su fama hasta límites insospechados. * * * La perrera, despiadada, odiada, y cruel, lo sorprendió aquella vez. Primero se dijo que alguien había tirado la bronca porque se propasó con una de sus congéneres; pero luego se supo que había sido acusado de hidrofobia o de despa-charse, al menos, con un soberbio tarascón sobre la humanidad de algún incauto transeúnte. ¿Carniquicho rabioso? ¿Carni-quicho agresivo? Imposible, si no molestaba a nadie; es más, “ni siquiera se le conocía el ladrido”. Sea como fuere, su detención fue correspondida con un auténtico aluvión de reclamos. La ciudad -y más aún los muchachos del trocén- no escatimaron esfuerzos. Como si se tratara de una epopeya, o en todo caso de una férrea resistencia al autoritarismo inflexible de sus captores, la lucha se prolongó durante una semana y, como no podía ser de otra manera, se vio coronada con el éxito. A Carniquicho no se le conocía dueño, pero todos lo querían; y quizá por eso el festejo fue tan emotivo: comida de primera en un café de 7 y 51, y movida de cola para devolver la atención. Su fama corrió como reguero de pólvora, y fascinada por la popula-ridad del can, la producción de Sábados continuados lo convocó para que fuera a Canal 9. Hacia allá rumbearon él y sus amigos, a entrevistarse con una de las grandes personalidades de la época: el conductor Antonio Carrizo. El mito -cuya tendencia a crecer con los años es equiparable sólo con las hazañas que cuentan los pescadores- dice que contestó las preguntas con acertado lenguaje perruno. Pero lo cierto es que saltó sobre un sillón y ahí se quedó sentadito, para agachar la cabeza cada vez que alguien extendía su mano para acariciarlo. Está claro que Raúl Portal se hubiera hecho un festín y quizás hasta lo hubiera contratado de columnista o cosa por el estilo; pero eran otros tiempos y (a dife-rencia de lo ocurrido con Lassie) su paso por el mundo de la farándula resultó mas bien efímero (digamos que tuvo esos cinco segundos de fama de los que tanto se habla por ahí). * * * Después, llegaron los primeros signos de envejecimiento; sus trotes se hicieron más lentos, y aunque no modificó su carácter (ni resignó su buen humor) comenzó a anunciar su retiro. Ya no volvió a pintar por el centro, y hacia fines de esa década alguien se ocupó de comunicar lo ocurrido. Carniquicho había muerto, poniéndole el punto final a una historia que muy difícilmente pueda llegar a repetirse. No sólo porque los callejeros que hoy deambulan sin rumbo no gozan de aquella popularidad, sino también porque el ritmo de vida actual no deja demasiados resquicios para el necesario ejercicio de la camaradería. G.E.(Diario Hoy)

La historia del colegio platense de formación técnica por excelencia

Cumple 96 años el Colegio Industrial Albert Thomas

Actualmente tiene 450 docentes y 1.500 alumnos. En este artículo, su director afirma que no existe obra de envergadura en el país que no cuente en su plantel con egresados de este colegio. Comenzó a funcionar en tres locales separados. En 1919 se mudó a su actual ubicación. Tuvo varios nombres
Por Jorge Omar Mattia (*) Especial para Hoy
En el año 1825 en la Argentina se mencionó por vez primera la electricidad. A partir de entonces, se comenzó a trabajar en sincronismo con el desarrollo mundial de las ciencias físicas de la electricidad, y en el año 1887 se instaló la primera usina destinada a la producción y distribución de energía eléctrica. Este hecho revolucionario dio lugar al crecimiento del parque industrial, hasta entonces impulsado por energía de vapor, el cual tomó un auge importantísimo en la capital de la provincia de Buenos Aires. Ante todos estos avances en la aplicación de los fenómenos físicos y dado el crecimiento que adquirían las industrias aparece un hombre que quedaría en la historia: Otto Krause, un verdadero impulsor de la enseñanza técnica. En el año 1890 dio lugar a la creación de la Escuela Industrial de la Nación, de la cual fue su director y hoy lleva su nombre. Luego impulsó la enseñanza técnica, para que llegara a los rincones de toda la República. Fue así como, bajo su inspiración, La Plata pasó a contar en 1910 con un establecimiento de estas características. En ese entonces, la ciudad contaba con una población que sobrepasaba los 100 mil habitantes, sumando a esto el adelanto tecnológico y la industrialización de la región, se hacía imprescindible contar con técnicos capacitados. Ante sucesivos requerimientos de los industriales, el 27 de julio de 1910 fue aprobada la ley Nº 7042 del Departamento de Instrucción Pública, la cual determinó la creación de la Escuela Superior de La Plata, promulgada el 31 de agosto del mismo año. Este hecho dio origen a la primera escuela técnica de la provincia y a la segunda del país. El 16 de marzo de 1911 comenzó a funcionar con el nombre de Escuela Industrial Superior de La Plata, bajo la dirección del ingeniero José Sagastume, con un total de 71 alumnos. Fue instalada provisoriamente en tres locales: uno en 53 nº 764 y otros dos en 54 nº 808 y 816. En 1916, La Plata recibió a los primeros egresados del Industrial con las siguientes particularidades en cada una de las carreras: l Maestro Mayor de Obras: cinco alumnos cursaron y terminaron la carrera. Dos eran de La Plata, dos de Entre Ríos y uno de Quilmes. l Electrotécnico: se recibieron seis alumnos. Cinco de La Plata y uno de Capital Federal. Al inaugurar los cursos en 1911, inició su funcionamiento la Escuela Complementaria Industrial. La misma tenía cursos nocturnos para obreros. El objetivo fundamental era perfeccionar al obrero industrial a través de la enseñanza elemental de las ciencias generales y, especialmente a través de aquellas materias técnicas cuyo conocimiento es indispensable para la profesión, y que no podía ser adquirida en talleres o usinas. El edificio El 23 de diciembre de 1914 la Legislatura provincial cede la fracción de tierra donde actualmente está ubicada el edificio, en 1 entre 57 y 58 de La Plata. El lugar era ocupado por el Regimiento 6 de Infantería, cuya herencia consistía en dos galpones que habían servido de cuadras y unas pocas habitaciones que habían sido ocupadas por las oficinas administrativas y la oficialidad en servicio. El traslado definitivo de la escuela se efectuó el 1º de julio de 1919, cuando se realizó la división de las cuadras, destinándolas para aulas. Se construyeron varios galpones en los que se instalaron los talleres. A medida que avanzaba el nuevo edificio todos estos espacios fueron dejando lugar a la flamante construcción, que fue iniciada en 1927. El primer cuerpo, que da la avenida 1, se habilitó diez años más tarde. En 1947 el edificio quedó totalmente terminado. La edificación cubre totalmente la manzana lindante al Bosque platense, comprendida entre la avenida 1 (entrada principal) y 115 entre 57 y 58. La misma se divide en dos cuerpos, separados por una calle de servicio. El cuerpo frontal, que se abre a la avenida 1, está conformado por dos plantas y subsuelo. Tiene 10.000 metros cuadrados cubiertos. El cuerpo posterior, integrado por tres plantas de similar distribución, cuenta con una superficie de 10.601 metros. Los nombres El 7 de abril de 1953 se instaura el nombre de Escuela Industrial de la Nación Eva Perón y el 23 de agosto de 1956 se impone la denominación Albert Thomas. En 1959, pasa a llamarse Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1 Albert Thomas. En 1994, pasó a la órbita de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires con el nombre de Escuela de Educación Técnica Nº 6 Albert Thomas. Queda amplia constancia de que los egresados de la Escuela Técnica se destacan en todos los ámbitos en los que les ha tocado desempeñarse, desde las más altas funciones gubernamentales hasta la dirección o supervisión en importantes industrias. No resulta muy aventurado decir que, tal vez, no exista obra de envergadura en cualquier punto del país que no cuente en su plantel técnico con un egresado del Albert Thomas. (*) Director del Instrual Albert Thomas

El Archivo Histórico de la Provincia

Miles de historias en un solo lugar

El Archivo Histórico de la Provincia conserva casi dos millones de documentos, con un esfuerzo loable. Las firmas de grandes personalidades y hasta los juicios más insólitos de hace más de un siglo, permanecen intactos, al alcance de los amantes de la historia. Abundan las curiosidades
Santiago de Liniers, Facundo Quiroga y Domingo Faustino Sarmiento, son sólo algunas de las personalidades de nuestra historia que tienen su lugar en el Archivo Histórico de la Provincia. Otros nombres, quizás no tan populares, también están presentes en esta institución, que en diciembre cumplirá 80 años. Casi dos millones de documentos se conservan en el Archivo Histórico que, desde 2003, depende del Instituto Cultural de la Provincia. Hay algunos que se destacan por ser tan preciados como llamativos. Y Claudio Panella, director del Archivo “Dr. Ricardo Levene”, los mostró con orgullo a Hoy. “No sólo buscamos preservarlos, sino también difundirlos”, contó el historiador. Los originales Si algún amante de la historia quiere bucear sobre el caudillo Facundo Quiroga, podrá encontrarse con el sumario levantado en 1835 contra los asesinos que le hicieron una emboscada en Córdoba. “Hoy atesoramos esos papeles por una decisión de Juan Manuel de Rosas, que dudaba de que el gobernador cordobés estuviese implicado”, recuerda Panella. Tan legible como si el tiempo no hubiera pasado, se conserva la firma de Santiago de Liniers en una disposición que firmó tras las invasiones inglesas con su puño y letra. También hay documentos del Marqués don Rafael de Sobremonte, y cartas del mismísimo Domingo Faustino Sarmiento. La historia curiosa Entre esas páginas amarillas, apenas corroídas por el paso del tiempo, aunque muchas tienen más de 200 años, hay llamativas historias. Un ejemplo de esto es el juicio que una mujer, en el año 1792, le inició a su marido por haberle cortado el pelo. Y la “prueba del delito” quedó registrada en los documentos judiciales de la “Real Audiencia”, como por entonces se denominaba a la Justicia. “En aquella época, cortarle el pelo a una mujer era símbolo de agravio”, explica Panella, al tiempo que señala un mechón del polémico cabello que perteneció a Manuela Moreira, la dama ofendida con su impetuoso marido. Así de curiosos son también los documentos de otro juicio que le hicieron a un comerciante en 1880, que tuvo la osadía de vender pecheras en lugar de camisas, como este porteño aseguraba. Claro, la indumentaria también quedó archivada sobre el dorso de las páginas judiciales, y hoy forma parte del catálogo provincial. “Somos custodios de algo que es de todos los bonaerenses”, concluye Panella, que dirige el Archivo de la Provincia desde 2002. El Archivo funciona en el Pasaje Dardo Rocha, ubicado en 6 y 50 de La Plata.

Una pequeña historia de la poesía platense

Diagonal poética

Detrás de la historia hay siempre otras, menos conocidas pero igual -o más- de interesantes. Es el caso de la poesía platense, un género que tuvo adeptos desde la fundación de la ciudad, y generaciones ilustres (como los de la Primavera fúnebre). Aquí un repaso, desde la pluma de Jorge Héctor Paladini, crítico de arte
Para el platense culto, todo o gran parte del fenómeno literario del país, discurrió fuera de la ciudad, preferentemente, en Capital Federal, esa urbe que siempre deslumbró a tantos (y cuyos méritos, sin duda, nadie puede discutir). Pero La Plata tuvo, también, una historia literaria que algunos intentaron indagar. Y en ella, la de la poesía cubre un capítulo valioso de nuestra cultura. Matías Behety, que fue el primer vate que fallecó en la ciudad incipiente -en 1885-, dejó más leyenda que obra con su cuerpo momificado, y conformó una leyenda dolorosa, cuyos ecos lleagaron a la, en aquellos tiempos, lejana Buenos Aires. Posteriormente, la tarea de Pedro. B. Palacios, conocido como Almafuerte, alcanzó dimensiones nacionales, y aunque fuese en vida algo soslayado por la cultura oficial y algo académica, su verso sonoro alcanzó un amplio eco en el público, y hasta un poema suyo, “El apóstrofe al Kayser”, fue el primer poema de un vate argentino traducido en Europa en la Primera Guerra Mundial, pues fue vertido al francés, italiano, inglés y alemán y considerado, también, un aporte al esfuerzo bélico de los Aliados de entonces que se reprodujo en los diarios y revistas de aquellos países beligerantes. Primavera negra Pero la primera generación de poetas genuinamente platenses fue la que Rafael Alberto Larrieta llamó “la primavera fúnebre de La Plata”, pues ninguno de ellos llegó a los treinta años, murieron todos muy jóvenes. Eran: Ripa Alberdi, Mendioroz, Delheye y López Merino, (cuyas obras tenía muchos puntos de contacto y unidad pues sus lecturas fueron las comunes de aquella época, entre el año 1925 y 1930). Sus versos representaban a La Plata de entonces, de vida arremansada y casi pueblerina, y los autores que amaban eran los franceses Samain, Maeterlinck y Rodenbach, belgas éstos pero que escribían un bellísimo francés, y hasta el místico Ruysbroeck, flamenco de enigmática obra. Su delicada poesía se lee, al cabo del tiempo, con placer y con alegría, como toda genuina labor. La generación del ‘40 Posteriormente aparece la llamada “generación del ‘40”, pues sus integrantes cumplen su tarea creadora entre el año 1935 y 1945. Aquí La Plata no es ya, el centro y espíritu de la poesía sino, precisamente, la provincia de Buenos Aires, que alcanzará amor y poemas en la obra de Casey y su Chivilcoy natal, de Isusi con su Chascomús, Catani con su Nueve de Julio, cantando desde la ciudad que les había acogido con cariño y culmina con el magnífico Canto a la provincia de Buenos Aires, de Núñez West. Y la mujer, al fin, alcanza un justo lugar con las voces de Lahitte y Venturini, investigadora la primera de nuestras letras y cuya perseverancia ha rescatado tanto del injusto olvido. Precisamente Ana Emilia Lahitte junto al inolvidable Roberto Saravi Cisneros intentaron, siempre, trazar la historia y el perfil de las letras platenses en su infatigable tarea de amorosa recuperación. La Guerra y después Posteriormente, y luego de la Segunda Guerra, que modificó por sus consecuencias mucho del ambiente cultural de la ciudad, emergen otros poetas que intentarán y lograrán, con su labor tesonera y fecunda, un lugar honroso para nuestras letras. Su poesía, ya, podemos clasificarla, tentativamente, de “metafísica”, pues en ella ya no está La Plata ni la Provincia. Pero la voz de estos creadores seguirá siendo, siempre, “platense”, y así suman sus textos Castillo, Oteriño, Ballina, Mux y Preler, alcanzando resonancia nacional e internacional con poemas de cuidado respeto por el idioma, y de honda calidad literaria y humana. Luego surgen otros nombres hasta nuestros días como los de Coto, Cantonia y Pilia, que suman por derecho propio sus textos y poesía a una tradición que entronca, y firmemente, con la historia de la poesía platense, y que han sido distinguidos con numerosos premios. La deuda interna La Plata siempre contó con una activa labor universitaria, y una vida cultural en la que colaboraron periodistas de relieve como Sureda, Saraví Ceisneros, Denis Krause y muchos más. Aquí emergieron revistas de notable calidad como “Valoraciones”, “Cuadernos del Sagitario”y otras, reconocidas en el país y el extranjero (pero que no aún no hallaron eco en las aulas escolares del partido, excepción hecha de Almafuerte). Sería grato que alguna vez alguien intentase, al fin, acercar la obra de sus poetas al aula, para que de esa forma, y desde los primeros pasos supiéramos hallar la belleza que sus soñadores crearon en el silencio (no pocas veces, en medio de la indiferencia). Pero éste es un signo, y lo afirmamos con melancolía, que parece marcar la huella del poeta en muchas ciudades del mundo. No importa, los seguiremos amando, gracias a ellos La Plata fue calificada, un día no muy lejano como “ciudad de poetas”. Jorge Héctor Paladini

La Pachamama en La Plata

Los pueblos andinos que viven en nuestra ciudad celebraron el despertar de la tierra

Es la ceremonia ancestral en la que las culturas aymara y quechua piden permiso a la tierra antes de sembrar, para que las cosechas sean buenas. La cita sirve para preservar la cultura, las comidas y la lengua. Decenas de descendientes de pueblos originarios se juntaron en un predio municipal
Un camino de pochoclo delimita y abre la puerta hacia la “mesa”, lugar sagrado donde se depositan todos los elementos que se usarán en la ceremonia. El calor del carbón recién encendido y los sonidos que disparan los parlantes proyectan a los presentes a la cordillera norte de nuestro país. Es tierra bien platense, y muchos de los descendientes de los pueblos andinos son nacidos acá. Pero no deja de ser “tierra madre” o Pachamama, y como tal merece ser celebrada. La época de siembra se aproxima y como cada año, los pueblos aymara y quechua le piden permiso a la tierra para proceder. La costumbre es ancestral y es una garantía de que la cosecha será buena y proveerá los alimentos para todo el año. También es un rito para que los animales se reproduzcan y no se extingan. Una conexión mística une a los que por distintas razones tuvieron que mudarse a nuestra ciudad y sus descendientes, con quienes se quedaron. El predio municipal ubicado en el corazón del Paseo del Bosque se convirtió por unas horas en territorio sagrado. Banderas multicolores, que en realidad son “whipala”, un emblema que representa la igualdad de los seres pese a la diversidad, como camino a la unidad de la sociedad, delimitan la zona donde la tierra recibirá los alimentos. Cerca se levanta el escenario donde varios grupos musicales y de danza darán vida a un festival. Entre ellos se destacan los integrantes de Perutusuy, un grupo de danzas peruanas, que representó un ritual al sol, y otra danza que representa la forma en la que se trabaja la tierra. Momento sagrado “Esta ceremonia es sagrada, por eso pedimos que no saquen fotos”, dice Wuarachikuy, uno de los mayores, cuya palabra es inapelable para el resto. Es una suerte de jefe o cacique que se encarga de organizar y presidir la celebración, que durará dos horas, junto a una de las mujeres. “La presencia de las mujeres es muy fuerte. Garantiza el equilibrio, la dualidad”, explica Laura, una joven jujeña que juega con sus trenzas mientras habla de la importancia que tiene el preservar la cultura. Su grupo se junta por lo menos una vez por semana para intentar trasmitir la lengua quechua y aymara, y para preservar, “pese a que estamos lejos”, nuestras comidas, nuestra cultura y nuestras ceremonias”. Cerca de ella está Amaru, un niño de poco más de un año que se asoma detrás de la espalda de su madre. Aunque nació en La Plata, el chico es portador de la más pura cultura andina. Su madre no es quechua ni aymara, en realidad es descendiente de querandíes, pero se acercó a las comunidades y con el tiempo se sintió parte. El año pasado fue protagonista de una ceremonia en la que se puso el nombre originario. “Me llamo Chask’Anawi”, dice orgullosa, “que quiere decir ojos resplandecientes”.

La sedería que viste a las familias más tradicionales de La Plata

Trabaja telas para la alta costura

Sedería Héctor tiene infinidad de clientes tanto en nuestra ciudad como en el interior bonaerense. Se mantiene fiel a sus tradiciones y vistió a la recordada Ana Goitía de Cafiero, entre otras personalidades. Rinde culto a la buena atención
Si hay un comercio que supo conservar las tradiciones más allá del vertiginoso paso del tiempo es, sin dudas, la Sedería Héctor. Ubicado en pleno corazón del centro platense -para ser precisos, en 54 entre 8 y 9- este elegante local consagrado a la alta costura, disfruta del asesoramiento a sus clientes y de las atenciones que son difíciles de encontrar en otros ámbitos. Aunque parezca mentira, sigue regalado una batita de seda al primer hijo de las damas que le compran la tela para su traje de novia. La historia, plena de esfuerzo y buen gusto, comenzó a escribirse en marzo de 1959 cuando Héctor Bordagaray abrió su primer local en 6 y 46. La primera mudanza fue a 47 entre 7 y 8; y, ya en agosto del ‘77, inauguró el local que ocupa en la actualidad. Con admirable visión de futuro, Don Héctor apostó a las telas de primer nivel y logró conquistar a una distinguida clientela que incluyó (y sigue incluyendo) a las familias más tradicionales de la ciudad. Héctor ya no está. Y quienes mantienen viva aquella tradición son su esposa, Nelly; su nuera, Alejandra; su nieta, María Emilia, y Osvaldo, un vendedor que lleva alrededor de 20 años trabajando junto a la familia. Madrinas, quinceañeras y damas que van en busca del corte para confeccionar el vestido ideal, son quienes visitan la sedería. Muchas son nietas o hijas de fieles clientas de la casa. Esposas de empresarios, jueces, funcionarios o profesionales, y señoras de clase media se visten en esta casa por la que supieron pasar desde Ana Goitía de Cafiero -”una mujer encantadora”, recuerda Nelly- hasta los familiares de los ex gobernadores bonaerenses Domingo Mercante (PJ) y Anselmo Marini (UCR). “El secreto no sólo radica en las telas, sino también en la atención”, recitan Alejandra y Nelly prácticamente a coro. Y, acto seguido, desgranan una anécdota que tiene como protagonista al vendedor. Hubo una clienta que en infinidad de oportunidades entró para mirar los colores, examinar las texturas e indagar sobre los precios, pero sin comprar absolutamente nada. Así estuvo durante cinco largos años en los que Osvaldo la recibió con su mejor sonrisa y toda la paciencia del mundo, hasta que un buen día la mujer le dijo: “Está bien, me ganó”; y realizó una compra formidable. No es para menos, ya que las telas que llegan de Francia, España o Italia, son prácticamente irresistibles.

Las historias ocultas del Museo

Los tehuelches que murieron en los sótanos
Por Pablo Spinelli
De la Redacción de Hoy

Fueron traídos a La Plata por Francisco P. Moreno, y trabajaron en las catacumbas hasta su muerte. El líder del grupo era el cacique Inacayal, cuyos restos fueron restituidos a los aborígenes en 1994. Ahora, un grupo de investigadores encontró en depósito su cerebro disecado y su cuero cabelludo
Los restos del cacique Inakayal descansan en su tierra desde 1994. Una Ley nacional dispuso que su esqueleto, que hasta la década del ’40 fue expuesto en las vitrinas del Museo de La Plata, fuera restituido a sus descendientes. Pero el cuerpo no está completo: un grupo de investigadores encontró recientemente en los depósitos del Departamento de Antropología Física su cuero cabelludo y su cerebro disecado. La aparición de esos elementos, cuya autenticidad está respaldada por el número de catálogo de ubicación que tienen grabado, aporta información y reaviva en la comunidad científica el debate en torno al destino que debieran tener los restos humanos que existen en el Museo. También pone en cuestión la concepción con la que la institución fue creada a fines del siglo XIX, y reflota una historia poco contada: la de los aborígenes que fueron traídos en esa época con supuestos “fines científicos”, que vivieron y trabajaron en las catacumbas del edificio del Bosque, y cuyos cuerpos fueron sometidos después de su muerte a prácticas de conservación que más tarde permitieron su exposición. Cinco vidas Los restos mejor identificados por el grupo de investigadores que encontraron la cabellera y el cerebro de Inakayal, integrado por Fernando Pepe, Miguel Añón Suárez, Patricio Harrison, Carolina Pérez Levalle, Diego Andreoni, Mariana Sanguinetti y Carolina Salazar Siciliano, son los de cinco aborígenes que vivieron entre 1884 y 1894, y cuyo destino común fue la muerte, el descarnamiento y la exposición de sus esqueletos. Además del cacique, los investigadores bucean en las vidas de “la mujer de Inakayal” (cuyo nombre se desconoce); Margarita, la hija del cacique Foyel; que junto a Inakayal era lugarteniente de Sayhueque; Tafá, una mujer mayor originaria de Tierra del Fuego, y Maishkenzis, un joven yamana que murió a los 23 años y su esqueleto se expone aún hoy en una vitrina de la sala de Antropología Física (ver aparte). La historia cuenta unívocamente que el grupo fue traído desde la Isla Martín García por Francisco P. Moreno, entonces director del Museo. Las diferencias empiezan cuando se especula con las intenciones del investigador. Mientras una versión indica que Moreno se apiadó de los aborígenes y los trajo para que tengan una vida mejor bajo su tutela, se cree también que para entonces el científico ya tenía las nociones y el equipo para llevar adelante técnicas de conservación y descarnamiento que le permitirían quedarse con los esqueletos “limpios”. Esa versión sostiene la hipótesis de que por lo tanto existía una premeditación sobre el destino “científico” que esos cinco indígenas y muchos otros finalmente tuvieron. Los hallazgos más relevantes del grupo de investigadores que se internaron en los depósitos del museo son dos: el cuero cabelludo y el cerebro disecado de Inakayal, cuyos números de catálogo son el 5443 y el 5434 respectivamente. La confirmación de que esos elementos y números corresponden al cacique remiten a la bibliografía básica del Museo: el Catálogo de la Sección de Antropología del Museo de La Plata, cuyo autor es Roberto Lehman Nitsche, un reconocido antropólogo alemán que trabajó intensamente junto a Moreno, hasta que en 1911 publicó ese minucioso relevamiento de los aborígenes que vivieron en las catacumbas.

Historia de los suizos en La Plata

La minúscula y pionera inmigración que colaboró con la creación de la ciudad
22-8-06: Hoy se cumplen 120 años de la creación de la Helvecia Sociedad de Socorros Mutuos. Fue fundada por Eduardo Miche, un suizo mayordomo de los Iraola, que se asentó en Tolosa cuando La Plata todavía no había sido soñada. El primer contingente en llegar fue de 200 personas, que en forma organizada salió de su tierra. Muchos de ellos moldearon finas estructuras en los edificios platenses y trabajaron en el Museo de Ciencias Naturales
Eduardo Miche era mayordomo en la estancia de los Iraola, primogénita familia dueña de gran parte de las tierras de lo que hoy es Tolosa. El hombre, que por 1850 todavía le costaba dominar el español, fue uno de los primeros suizos en pisar estas latitudes. En 1886 puso la piedra fundacional de la Helvecia Sociedad de Socorros Mutuos, la conocida Casa Suiza, que hoy cumple 120 años. Aunque poco difundida, la historia de los suizos en esta región es tan particular como fecunda. “Formaron parte de una inmigración temprana y organizada, mucho antes de la española e italiana”, introduce la actual presidenta de dicha entidad, Lucila Noelting, nieta de suizos y profesora de historia con más de 30 años de experiencia en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Muchos de estos hombres y mujeres contribuyeron para la creación de la capital bonaerense, que cuando llegó Miche todavía no figuraba ni en los sueños de su fundador, Dardo Rocha. “Los primeros vinieron en la época de Urquiza -prosigue Noelting-, hace 150 años. Eran 200 familias, que planificadamente salieron de Suiza con destino a una tierra desconocida. La mayoría se afincó en Santa Fe (en Esperanza, San Jerónimo y San Carlos), y otros pocos se desperdigaron en Entre Ríos”. Casi todos ellos eran artesanos, obreros calificados o ferroviarios, que no se adaptaron a la Revolución Industrial que se vivía en Europa. Por eso decidieron emigrar. El primer gran desembarco en nuestra ciudad fue de 200 personas, dice la profesora. “Muchos eran naturalistas y botánicos que rápidamente empezaron a trabajar en el Museo de Ciencias Naturales. Otros se destacaban en el arte de las construcciones y en los ferrocarriles. Tanto es así que gran parte de las molduras y detalles de calidad de los primeros edificios de La Plata fueron hechas por manos suizas”. En el siglo pasado, la obra de Le Corbusier, que diseñó la Casa Curutchet, es uno de los tantos ejemplos de continusimo de ese buen gusto (ver aparte). Dentro de la primera camada aún se recuerda a Enrique Delacheaux y Santiago Roth, que construyó la segunda parte de la Casa Suiza, hoy en 2, entre 44 y diagonal 80. “Fue creada como una sociedad de socorros mutuos para asistir a todos los integrantes de la colectividad. Se brindaban servicios médicos, de famarcias, sepelios, etc”, recuerda Noelting. Actualmente, esta función desapareció completamente. De las primeras 200 personas, 196 están en la sociedad. Hoy tiene apenas 60 afiliados, quienes pagan una cuota de 3 pesos por mes. “Los suizos llegaron antes de la inmigración aluvial. Tenían fuertes criterios sociales y de buen gusto, prácticamente crecieron junto a la ciudad. Muchos se destacaron por las donaciones que realizaban, ya sea de dinero como de trabajo. El que no tenía plata, ponía a disposición su capital humano para levantar una pared o arreglar una vía. Esta fue su principal característica”, se enorgullece Noelting. La suiza más antigua Ya en el siglo pasado, en el centenario de la muerte de Don José de San Martín (1950), bajó del Camberra en el Puerto de Buenos Aires Sinaida Scartazzini junto a su madre María Andreavna Novitschenko. Había nacido 20 años atrás en lo que hoy es Ucrania, pero por el derecho de sangre (ius sanguinis) su documento indica la nacionalidad suiza. Su padre, Victor Scartazzini, era del pueblo de Bondo, un valle helvético donde se habla tanto alemán como italiano. Sina, que hizo hasta la escuela secundaria en su tierra, se asentó en Belgrano R. Muy pronto se casó con el búlgaro Slavko Georgieff, que venía escapando del comunismo y al que conoció en el barco; y se radicó para siempre en Berisso. Hoy es la mujer más grande que arribó de Suiza a estos lares. “En esos años venir a la Argentina ya era una locura, porque en Suiza las cosas estaban bastante bien. Acá hacíamos cola hasta para comprar papa... Los suizos que llegaban se iban a Bariloche o Villa General Belgrano (Córdoba)”, recuerda Sina, que sigue viviendo a metros del Barrio Obrero, donde es vecina del actual intendente Enrique Sleczak. En la capital del inmigrante echó raíces y formó su familia, que hoy conserva las tradiciones y la profunda y cosmopolita cultura paterna. Fruto de su matrimonio con Slavko, nacieron Victorio y Margarita; en la actualidad constituyen una de las familias de sangre suiza más numerosas de la región. Sina tiene tres nietas (Carolina, Gabriela y Alejandra), una bisnieta (María Sol) y una que está por venir (Delfina). Doble nacionalidad en el documento y el corazón, todas recuerdan las añoranzas de su abuela políglota junto a las historias de aquellos suizos que llegaron a esta región para concretar un sueño. Muchos, como Sina, lo cumplieron.
Histórica neutralidad en más de 700 años
Los suizos son conocidos por su histórica neutralidad política, comenzada en 1515 tras la derrota contra Francia en la Batalla de Marignano por la dominación del Milanesado, y por no haber participado militarmente en ninguna de las guerras mundiales. En 2002 Suiza se convirtió en miembro pleno de las Naciones Unidas. La creación de la Confederación Helvética se remonta a 1291, cuando representantes de los tres cantones de Uri, Schwyz y Unterwalden firmaron la Carta de la Alianza, que los unió en la lucha en contra del gobierno de los Habsburgo, que en aquel tiempo controlaban el trono alemán imperial del Sacro Imperio Romano. En el Tratado de Westfalia en 1648, los países europeos reconocieron la independencia de Suiza del Sacro Imperio Romano y su neutralidad. En 1798, los ejércitos de la revolución francesa conquistaron Suiza. El congreso de Viena de 1815 restableció la independencia suiza y las potencias europeas aceptaron reconocer permanentemente la neutralidad suiza. Suiza adoptó una constitución federal en 1848, en la cual se eligió a Berna como capital, habiéndose rotado hasta entonces la sede de gobierno cada año y más tarde cada dos años para no menospreciar a ningún cantón de la confederación. La constitución fue reformada profundamente en 1874 y se estableció la responsabilidad federal para los asuntos legales, de defensa y de comercio. Desde entonces es continua la mejora política, económica y social que ha caracterizado a este país. Los festejos por la independencia son el 1º de agosto, cuando se recuerda la firma de dicha acta en 1291.
La huella de Le Corbusier
Un suizo radicado en Francia que pasó a la historia como arquitecto pero que en realidad nunca se recibió, fue uno de los cultores del modernismo que dejó para siempre su huella en La Plata. Este nombre (significa cuervo) que lo hizo famoso era una adaptación del apellido Lercobésier de su abuela. Charles Edouard Jeanneret (Le Corbusier) nació en 1887 en La Chaux-de-Fons, un cantón suizo. En la escuela de arte su profesor lo impulsó al estudio de la arquitectura, que lo hizo como un autodidacta recorriendo Europa. En la década del 30 se instaló en París, donde comenzó a dar clases de pintura. Resistido y polémico, conformó la primera línea de renovación junto a talentos de otras disciplinas, de la talla de Albert Einstein y Pablo Picasso. Fue el genio creador de la arquitectura moderna, pero su obra recién fue aceptada después de la guerra. Desde Francia, en 1919 diseñó la Casa Curutchet de La Plata (53 nº 320), por pedido expreso del excéntrico cirujano Pedro Curutchet. Desde 1989 el consejo Superior del Colegio de Arquitectos de la provincia de Buenos Aires (CAPBA) posee su sede en lo que es el único proyecto de Le Corbusier construido en Latinoamérica: La Casa Curutchet. Dada la importancia que posee como patrimonio arquitectónico, sus actuales propietarias, las hijas del doctor, han confiado su custodia a los arquitectos bonaerenses.

AGUILA TARDIA

En 1901, en el centro de la Plaza Italia fue levantada una columna de piedra de estilo corintio, capitel con volutas y fuste con estrías. Recién en 1917 el águila se posó en ella.
Pero este no era el designio de quienes idearon el monumento. En el proyecto de su autor, don Agustín Vecellio, la idea era colocar sobre el capitel una esfera y encima una estrella dorada : la Stella d’Italia,. Sobre las cuatro caras de del octógono que reposa en el basamento con escaleras, se pensaba poner los escudos de Argentina, Italia, La Plata y Roma. Y, en los ángulos de las escaleras, cuatro leones de metal fundido.

AMAS DE LECHE


El 25 de septiembre de 1889, a los 115 años de edad, en las caleras de Ensenada falleció María López Osornio, ama de leche de Don Juan Manuel de Rosas. Al momento de su muerte sólo vivía uno de sus cuatro hijos, que por entonces tenía 88 años y era cochero de Don Juan Ortiz de Rosas.
Otra ama de leche...Un aviso de 1890 : “Ama de leche, joven, de 27 años, con leche fresca y abundante, se ofrece una, concurrir a la calle 5 y 25, casa del señor Manzoni ( Tolosa).

COMERCIO MACHISTA


En 1910 había en La Plata 1967 casas de negocios, donde trabajaban 3.653 varones y 253 mujeres. De todos ellos, el 68% eran extranjeros. Además, había 63 empleados menores de 14 años.

EL GRAN FARO

A comienzos de 1884 se hizo el primer ensayo de alumbrado eléctrico y en agosto de ese año, en la Plaza de la Legislatura, hoy San Martín, se instaló una torre de hierro de 48 metros de altura, que funcionaba como faro luminoso de la ciudad.
Procedente de Estados Unidos, sus luces se veían desde muy lejos; de decía que los viajeros que llegaban en barco a nuestra playas la observaban a una distancia de 50 Km. Y que desde Colonia (Uruguay) se podía percibir su luminosidad.
Aquella torre era de forma triangular, tenía ascensor, reflector, pararrayos y seis lámparas con 4 mil bujías cada una en su cúspide, con un radio de iluminación intensa que abarcaba mas de un km. De circunferencia. Se lo consideraba el faro del Gran Puerto de La Plata, y fue uno de los motivos de orgullo edilicio de los platenses de aquel tiempo, que la consideraban una Torre Eiffel criolla.
La Construcción fue desmantelada a fines del siglo pasado.

PIONEROS

José Mateos de la Piedra fue el primer boticario de la región, con su negocio fundado en 1875 en Tolosa. Y el primer panadero fue un francés llamado pedro Duprat, quien, según decía el periódico LA PROPAGANDA en 1883, “vino a la Plata a proporcionar a los obreros buen pan y galleta de primera clase”.

EL TRÁNSITO SOBRE RIELES

El ferrocarril que llegaba hasta la ciudad de La Plata en tiempos de don Dardo Rocha era el que iba desde la Estación Central de Buenos Aires a la antigua estación de Ensenada.
Desde allí, donde hoy se emplaza el Centro Cívico, el tren se dirigía hacia la estación de Tolosa y proseguía hasta la 19 de Noviembre, lo que hoy se conoce como el Pasaje Dardo Rocha, en las calles 7 y 50.
Posteriormente se construyó el empalme Pereyra, que permitía la llegada a la ciudad sin pasar por Ensenada. Desde el Pasaje 19 de Noviembre había una conexión a Río Santiago, que corría por la zona del Hipódromo y bordeaba el Bosque de la ciudad.
Los típicos tranvías a caballo comenzaron a recorrer la ciudad en abril de 1884.
La empresa Laudi y Veiga lo hacía, en esos años, por el sistema Decauville (trocha angosta). En su trayecto pasaban frente a los edificios fundamentales, como el pasaje 19 de Noviembre, el Banco Hipotecario Nacional (actual sede del Rectorado de la Universidad de La Plata), el Palacio de Hacienda (7 y 45), Departamento Central de la Policía, en 2 y 5 1, la Municipalidad y Plaza Moreno.
El primer empresario se llamó Manuel Giménez. Esta empresa tenía 53 empleados y 254 caballos. En los años iniciales, alrededor de 1.000 habitantes de nuestra ciudad tomaban diariamente el tranvía una vez al día; se expendían mil boletos diarios, y la estación terminal de los tranvías a caballo tenía su emplazamiento en 7 entre 64 y 65.
Posteriormente La Plata tendría tres líneas de tranvías, que llegarían a la Ensenada, tirados por sus caballos.

PROYECTOS EDILICIOS

En julio del año 1947 fueron retiradas las rejas que circundaban el edificio del Banco de la Provincia de Buenos Aires, con lo que muchos preveían que se iba a continuar con otros edificios públicos. Con esto se facilitaría la visión del paseante y una mejor apreciación de las armoniosas líneas arquitectónicas y de sus jardines.
Se iniciaron en estos años, en Villa Garibaldi, las obras de construcción del aeropuerto. Fueron además expropiados los terrenos para el Estadio Provincial, que se construyó posteriormente en la zona de 32 y 19.
Las necesidades de funcionamiento de las cámaras legislativas, que aumentaron el número de sus integrantes, mostraron la escasez de hotelería y se hizo necesaria la construcción del Hotel Provincial en los predios del Mercado "La Plata", ubicado en 8 entre 51 y 53.
Por iniciativa del diputado Pérez Aznar, la Legislatura de la Provincia declaró zona universitaria a la del Bosque, donde se encuentran las facultades e institutos superiores y sus adyacencias.
Pese a estar reservados los fondos que los funcionarios de entonces habían previsto anticipadamente para la construcción de las torres delanteras de la Catedral de La Plata, su colocación no pudo concretarse. y la monumental obra siguió sin poder mostrar a la ciudad su definitiva fisonomía, que concibiera su creador, el ingeniero Pedro Benoit.
El ritmo de los trabajos en los edificios del sector público hizo recordar otras etapas análogas de la prolífica historia platense, ya que también dieron comienzo las obras de la República de los Niños y los numerosos barrios obreros de la ciudad y el partido de La Plata.

GRANDES MÚSICOS VISITABAN LA PLATA

A comienzos de la década del '40, la ciudad de La Plata comenzaría a apreciar las notables dotes musicales del maestro Rodolfo Kubik, quien se constituyó en impulsor del importante movimiento coral de la ciudad.
En el año 1946, llegó de visita al país el gran maestro brasileño Héctor Villalobos, que venía de estrenar el poema sinfónico Mandú Carará, en cuya interpretación participó el Coro Universitario de La Plata dirigido por el maestro Kubik.
Una nueva modalidad para el oyente fue la inauguración que realizó el club Estudiantes de La Plata del sistema fonoeléctrico, que fue presentado en sociedad por el musicólogo Kurt Palilen.
El acto de presentación en sociedad del nuevo adelanto tecnológico se desarrolló en el flamante gimnasio de la entidad, ubicada en la calle 53 entre 7 y 8 de la ciudad fundada por Dardo Rocha. Con el nuevo sistema, los platenses podían acceder a los grandes conjuntos y solistas de la música universal, aunque no estuvieran presentes los artistas.
La ciudad celebró el cincuentenario del conservatorio Santa Cecilia, exaltando su significativa labor en la educación musical de la sociedad platense y homenajeó especialmente a sus maestros Aquiles Zacaría y José Y. Castelli.
El 9 de julio de 1946, en conmemoración del Día de la Independencia de la República Argentina, se realizó un baile para los trabajadores en el estadio del Club de Gimnasia y Esgrima La Plata, con la actuación de dos conjuntos orquestales formados por 52 músicos platenses, seleccionados y dirigidos por el maestro julio de Caro, célebre músico y compositor
Este presentó la "Marcha de los Trabajadores", de la que era autor junto con el afamado y reconocido letrista Enrique Cadícamo.
La marcha era una partitura de ritmo pegadizo, que fue entonada por el coro del Teatro Argentino de nuestra ciudad. A la reunión danzante, organizada para tales efectos, asistió el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, coronel Mercante.

LA NOCHE DEL SAN BLAS

En la madrugada del 28 de septiembre de 1944, se produjo una catástrofe en el Puerto de La Plata. A raíz de una explosión en un tanque de combustible, el petrolero San Blas, buque cisterna de casi 22 mil toneladas, cargado con 10 mil toneladas de petróleo y con 30 tripulantes a bordo, fue tomado rápidamente por el fuego. El siniestro se inició a la 1.20 y un testigo narró que el petróleo encendido ascendió a una altura de 300 metros. Los platenses vieron un resplandor rosado en el cielo, hacia el este. Luego se oyeron otras detonaciones en la embarcación surta en el Dock Central, que acababa de amarrar procedente de Comodoro Rivadavia y perteneciente a la flota de YPF.
En La Plata las llamaradas se veían en dirección a la Petrolera y el Puerto. Con la dramática premura que imponía la seguridad de la población, fue retirado el Santa Cruz con su peligrosa carga de 3 mil toneladas de nafta. Como sus máquinas estaban paralizadas, debió ser radiado del lugar tirando de sus cabos. Hubo actos de valor entre quienes manejaron remolcadores sorteando las amenazantes lenguas de fuego. Algunos tripulantes del San Blas se lanzaron al agua con salvavidas. En un bote fueron recogidos el contramaestre y un tripulante. Lamentablemente no todos pudieron sobrevivir a la tragedia y se registraron 12 pérdidas humanas.
Los daños sumaron 10 millones de pesos, y el incendio se extinguió al cabo de cinco días. De la estructura retorcida se destacaba intacta la popa, debido a que la brisa orientó las llamas hacia proa. Las visiones pavorosas del San Blas en llamas resultaron indelebles para los testigos de aquellas dramáticas horas.

ALGUNOS HÉROES PLATENSES

La aviación en La Plata dio sus primeros pasos en la década del '20, con hombres como Artigau, Elverdín, Esteguy, y Goggi. La ciudad contribuyó permanentemente con su aporte material para que el avión "Ciudad de La Plata" pudiese, el día.12 de agosto de 1925, despegar del aeródromo del Dique piloteado por Goggi y Elverdín, para -emprender el raid La Plata - La Paz.
Juan José Esteguy, con apenas 18 años, decidió incorporarse como soldado voluntario al ejército francés, donde en 1918 obtuvo su brevet de piloto internacional. Finalizada la guerra regresó. La colectividad francesa de La Plata lo llamaba "notre Esteguy", e instaló el aeródromo "El Cóndor" en el Dique, que fue inaugurado el 24 de agosto. Así comenzó a realizar sorprendentes vuelos sobre la ciudad a, 40 pesos la hora, a bordo del avión Dorand.
En 1921 llegó la noticia de la derrota de las fuerzas españolas arrolladas por los moros en Marruecos. Un grupo de argentinos decidió alistarse en las filas peninsulares, entre ellos Esteguy. El 26 de octubre de 1922 la ciudad recibió con angustia la noticia de su muerte. Tres años después, sus restos mortales retornaron con la misma nave que lo había llevado: el infanta Isabel. En un auto camión de una conocida empresa fúnebre llegaron a La Plata. Como pocas veces lo había hecho, la ciudad entera se volcó a las calles para rendirle su último homenaje.

EL PRÍNCIPE AZUL

Los cuentos infantiles nunca deben haber sido tan minuciosamente revividos por juveniles cabecitas como en los días que precedieron al 19 de agosto de 1925
En un convoy, que hizo el trayecto La Plata - Buenos Aires en 50 minutos escoltado por aeroplanos llegó el Príncipe de Gales. Una multitud se prolongaba desde la estación del ferrocarril hasta la Plaza San Martín, donde se celebraron los actos de bienvenida.
La recepción ofrecida por el Dr. Cantilo en la Casa de Gobierno constituyó el acontecimiento social más brillante que se haya registrado en La Plata. Damas de las sociedades local y porteñas suntuosos arreglos y valiosas joyas.
En las primeras horas de la tarde, una orquesta de jazz y típica criolla amenizaron la reunión. Las primeras piezas las bailó el príncipe Eduardo con la señora Lily McDonald de Nelson, y luego lo hizo con las señoritas de Ancel, Sáenz Samaniego y Amelia Beiró. Previamente había visitado, el Jardín Zoológico, el Museo de Ciencias Naturales y la Legislatura.
Pocos días después otra figura real nos visitó: el Maharajá de Kapurtala. Con dos secretarios y un valet y tocado con el clásico turbante, arribó a la estación en un coche pullman, agregado al tren ordinario.
Fue recibido por el Gobernador, y en un paseo. por la ciudad le atrajo la Legislatura. Primero su atención se detuvo en el examen del tintero de Bernardino Rivadavia que allí se guardaba. y luego el Maharajá -dueño de legendarias riquezas - se deleitó haciendo sonar las distintas campanas de la Sala de Sesiones, sin olvidar la de alarma.
Posteriormente nos visitó el ex zar de Bulgaria, Fernando de Sajonia (en 1928), quien visitó el Museo Naturales, siendo recibido por su director, Luis María Torres.

DUELOS Y PLEITOS FAMOSOS

En nuestra ciudad había muchos expertos en cuestiones de honor, duelos y manejo de armas. Recordamos a Honorio Szelagowski, experto tirador con armas de fuego, y Benito Lynch, diestro en el manejo de las armas blancas. Ambos, además, profundos conocedores del código de honor.
La mayor parte de las ofensas se lavaban con algunas gotas de sangre y, a veces, ni eso; después de intercambio de disparos, seguía la reconciliación.
En una oportunidad, el director de un diario local Juan José Atencio, fue retado a duelo -precisamente por un artículo aparecido en el matutino, por Rodolfo Moreno, la destacada figura del conservadorismo local, quien, como ofendido, eligió el arma de su especialidad: la espada. El padrino del duelo fue el Dr. Alfredo L. Palacios.
Honorio Szelagowski, amigo y colaborador del periodista que debía batirse, por enfermedad de éste, lo representó en el lance.
Para ello, debió aprender el día anterior las nociones elementales de esgrima pues, como ya se dijo tenía experiencia en el uso del revólver. Salió airoso del trance, la sangre que lavó el honor no fue la suya; el Dr. Moreno resultó tajeado en un brazo.
En otra ocasión dirigió un duelo siendo entonces uno de los duelistas un personaje que sería famoso en el país pero por otras lides -las políticas-. Se trataba del Dr. Ricardo BaIbín. No se tiene noticia de que el líder radical haya protagonizado ningún otro lance caballeresco.

VOLAR POR LOS CIELOS PLATENSES

Apabullados por tanto progreso los platenses vieron, entre incrédulos y entusiastas, volar a uno de ellos.
Sucedió que, a fines de 1909, un joven ingeniero de 22 años, llamado Antonio Borello, construyó él mismo su primer avión, un biplano al que bautizó El Argentino. Para posibilitarle el trabajo, Don José Fígari le habían hecho levantar un toldo en el triángulo de diagonal 77, 9 y 42. El biplano fue trasladado, luego, a una pista improvisada en 66 y 124, donde se intentó hacerlo volar. Las esperanzas se malograron rápidamente, El Argentino no pudo tomar altura. El animoso ingeniero persistió y tiempo después daba vida a otro biplano al que dio el nombre de El Colorado y esta vez su esfuerzo tuvo premio. El 9 de julio de 1913 apoyado por los franceses Artigau, llegó a Villa Lugano.
En 1914 ocurrió un hecho insólito. El suboficial Oitaven, al sobrevolar el arsenal de Río Santiago con El Colorado, chocó contra el puente de mando del General Belgrano. El avión quedó totalmente destruido. Con el apoyo de sus superiores, Oitaven pudo reconstruir El Colorado y hacerlo volar nuevamente.
Mediante la colaboración que prestó don Juan Tettamanti, con elementos de la Compañía de Tranways La Plata, se fundó por la calle 60 en el camino a Berisso, el Aeródromo de la Provincia de Buenos Aires, en el que se realizaron cursos de pilotaje

LOS ÚLTIMOS ADELANTOS DE LA CIUDAD

El ruido ensordecedor de los primeros automóviles con motor a explosión irrumpió irrespetuosamente en las aún tranquilas calles de la ciudad. El radio en que podían desplazarse se reducía notablemente a causa de las lluvias y de los arenales en el verano.
El progreso se fue llevando los primeros tranvías a tracción animal, con sus mayorales, sus caballos con anteojeras y pecheras y el familiar sonido del cornetín. También desaparecería el tranvía fúnebre de su invariable recorrido por la diagonal 74. El sustituto eléctrico llegaría a La Plata conducido por el espíritu pionero de don Juan Tettamanti, a quien se deben las primeras acciones para lograr su instalación.
La habilitación oficial del nuevo medio de transporte se efectuó el 3 de enero de 1910, con el viaje inaugural que contó como pasajero al gobernador de la Provincia, Ignacio de Irigoyen. Ya los platenses habían presenciado los ensayos realizados el 22 de octubre y el 8 de noviembre de 1892 y les habían asombrado el ruido y la velocidad de esos vehículos que avanzaban sin el arrastre de un caballo, ni la fuerza de un motor de vapor.
Después vendría la definitiva incorporación de la Empresa La Nacional, hasta entonces de tranvías a tracción animal, que se fusionó con el tranvía Municipal Urbano.
El tranvía eléctrico estrenó en las calles nuevas músicas: la de la campanilla para detenerse y la de la campana al cruzar las bocacalles o al dar aviso de su paso a los peatones distraídos; también nuevos ruidos: el del esfuerzo del motor al subir alguna cuesta, el del descenso con el freno a mano. Aparecieron nuevos personajes, el motorman y el guarda con gruesos trajes y negros sobretodos.
En los años '60 los tranvías hicieron su último viaje; una resolución selló su destino por considerarlos obsoletos.
No hay dudas, sin embargo, de que la mayor parte de la historia de la ciudad se vivió con el tranvía corriendo por sus calles.
EL PRIMER TRANVIA: la primer línea de tranvías que funciono en nuestra ciudad con carácter de servicio publico se inauguro el sábado 15 de agosto de 1885. El nombre de la empresa era Ciudad de La Plata. El precio del boleto fue fijado en $0.08, pero el día de inauguración todos los pasajeros viajaron gratis. La estación terminal se hallaba en 7 e/ 64 y 65 y unía Plaza Italia con Plaza Moreno por diag. 74 de allí a Plaza San Martín por Avda. 51 y llegaba hasta la Avda. 1, un ramal se internaba en el Bosque y llegaba hasta el Dique, mientras que otro llegaba hasta 1 y 44 y volvía por Diag. 80 hasta la calle 6, donde se encontraba la antigua estación de ferrocarril.
EL PRIMER TRANVIA A VAPOR: en el mes de agosto del año 1890 comenzó a transitar el primer tranvía a vapor de la Provincia de Buenos Aires. Este medio de transporte generaba múltiples recursos económicos, y el mismo unía el puerto de La Plata con los Talas y las minas de conchilla allí ubicadas.
Tranvías con ruido
Durante la mayor parte de su existencia, la ciudad de La Plata fue recorrida por los antiguos tranvías, a caballo hasta los años '10, y a partir de entonces por el eléctrico. Aparejada al tranvía, podría escribirse la historia del petardo, que fue su consecuencia natural y se transformó en un medio de festejo como de protesta. En los años '30, los que petardeaban eran los estudiantes, con productos pirotécnicos de fabricación casera, pues no resultaba fácil conseguir los del ferrocarril, realmente poderosos seguros.
Se los hacía con cajas de pomada u otro tipo de envase, y el contenido corría por cuenta de algún aficionado a la química de explosivos. La mayor dificultad consistía en colocarlos sin despertar sospechas. Para ello se había generalizado un sistema sencillo: se agujereaba el bolsillo y se hacía descender el petardo hacia la vía.
El método fue perfeccionado por un grupo que se trasladaba en un Ford T "a bigotes", al que le sacaban la tabla de abajo de la parte trasera (el coche tenía dos planchas debajo del manubrio). Por allí, los muchachos que iban sentados detrás colocaban el artefacto cada vez que el auto se detenía. Así eran los jóvenes de entonces, que como forma de violencia empleaban el ruido.
Más de ochenta años, desde su fundación hasta pasados los años '66, tuvo La Plata el tranvía y, como acollarado a él, el petardo.

LA CONSTRUCCIÓN DEL MERIDIANO V

En 1900, el Estado provincial constituyó una sociedad mixta con una empresa privada francesa, para construir un ferrocarril que comunicaría a la ciudad con el puerto, el interior de la Provincia y con la Capital Federal. El nombre de Meridiano V le fue dado tomando el de su punto terminal, en el límite que separa la Provincia de Buenos Aires de la de La Pampa.
En los primeros meses de 1910 la ciudad había retomado el ritmo febril de los tiempos fundacionales, con un tendido de un kilómetro y medio de vía por día hábil, el estilo del edificio de la estación del nuevo ferrocarril, ubicada a la altura de 17 y 72, presentaba rasgos de Art Noveau, aunque un tanto ecléctico, con el vidrio y el hierro a la vista. Ocupaba un espacio de 57 metros por 11, con un andén de 6 metros. En la planta baja contaba con todas las instalaciones necesarias para su adecuado funcionamiento; en la planta alta fueron ubicadas: la gerencia las oficinas de tráfico y de ingenieros y la casa del jefe de la estación.
Con la construcción de frigoríficos, fábricas y ferrocarriles, la tan ansiada reactivación de la ciudad parecía haber llegado. Esta aceleración del progreso material no fue acompañada por los correspondientes y necesarios avances en los planos social y políticos.
Una parte importante del país comenzaba a manifestar su aspiración a participar en la una más justa distribución de la riqueza. De allí la actitud proclive a la conspiración de radicales y algunos grupos sindicales.

VIOLENCIA COTIDIANA

En los meses estivales, cuando mucha gente veraneaba en Villa Elisa, la zona de la estación se llenaba de automóviles y coches de plaza.
En ese escenario, el 12 de enero de 1928 un tal Villegas, chofer, colocó su coche paralelo al de un colega apellidado Genovese, produciéndose un agrio intercambio palabras. Genovese exasperado disparó cuatro tiros de pistola contra Villegas, quien permanecía sentado junto al volante. Este tomó una llave inglesa y golpeó a su contrincante en la cabeza; como réplica Genovese extrajo un cuchillo y aplicó varios puntazos en los hombros de Villegas.
A los pocos días fue muerto un joven de 24 años domiciliado en 5 entre 59 y 60. Después de ocurrido el hecho los vecinos vieron al matador, otro joven de 21 años, parado con un revólver 44 en su mano frente al cadáver tendido en la bocacalle. Ambos habían sido grandes amigos; la víctima practicaba boxeo y en reiteradas oportunidades invitó a su amigo a pelear porque "él era más hombre y más capaz". Estas provocaciones no recibían respuesta pero iban generando un profundo resentimiento en quien las recibía. La facilidad para obtener un arma hizo lo demás. Este fue - según se dijo entonces- un crimen entre gente "decente".
Otra reyerta típica de esos tiempos violentos se produjo en el centro de la ciudad. Dos hombres tropezaron al cruzar la calle; molestos por tan inoportuno encuentro Intercambiaron fuertes palabras, y uno de ellos descerrajó un balazo a su circunstancial contrincante, hiriéndolo. El lesionado corrió hasta un zaguán, y desde el piso hizo fuego, el que fue respondido por el atacante, quien optó por emprender la huida.
Grandes y pequeñas grescas
Los motivos eran tantos como sus autores y actores. La gresca se desataba imprevista y furiosamente, y no despreciaba escenarios. Todos los lugares eran aptos: la calle, el patio, el salón de bailes, la cancha de fútbol.
Una notable, por lo prolongada y enconada, fue la que se produjo en el patio de un conventillo de la calle 9 número 617, en un caliente febrero de 1930. Los inquilinos hicieron rueda a dos irascibles mujeres que habían decidido dirimir sus diferencias por las vías de hecho. Todo terminó cuando la perdedora comprobó que un mordisco de su contrincante la privaría, para siempre, de la tercera falange de su dedo meñique.
Otra descomunal se originó en el Salón Operai ltaliani, donde la Sociedad" recreativa "Los Pialadores" había organizado un baile. Era ya la medianoche cuando un asistente se insolentó con una dama. Las quejas de la agredida obligaron a la policía a intervenir, con lo que comenzó la gresca. El atrevido blandió una silla y la lanzó de lleno contra el cuerpo de un vigilante. Dos compañeros acudieron en su ayuda, y a partir de ese momento cualquier elemento se convirtió en proyectil: vasos, sillas, botellas, etc. Cuando el promotor de tanto escándalo era llevado detenido, alguien no convencido de que ésa era pena suficiente tomó a golpes de puño al guarango. Y todo recomenzó. Finalmente, refuerzo policial mediante, los más alborotadores marcharon presos junto a los tres policías que habían intervenido en un comienzo. El resto se dirigió a sus casas a descansar de tanta agitación, y curar algunas heridas producto de la batalla.

COMPARSAS, BANDAS Y CORSOS DE ANTAÑO

Entre las comparsas presentadas en 1901 descolló la Unión Recreativa de Tolosa, que poseía una magnífica orquesta de sesenta músicos, dirigidos por el profesor Dassorella; un gran coro de voces poderosas y bien timbradas, y buenas canciones con letra de Almafuerte. La sociedad estaba constituida por unos cien jóvenes tolosanos que lucían elegantes uniformes de seda celeste, compuestos de chaquetilla y pantalón corto, capa azul, medias negras, zapatos de charol Luis XV, con hebilla de plata dorada, y complementados por un espadín. Su estandarte estaba provisto de multitud de lamparillas eléctricas alimentadas por acumuladores.
Otra sociedad era la de los Negros Congos, compuesta por 65 socios, orquesta y coro. También merecieron mención las comparsas: Estudiantina del Plata, Piratas del Plata, Nación Lucamba, Lira del Plata, Zulús, y otras.
Para recorrer el corso en carros estaban las Náyades, Sílfides, Pescadoras, Guerreras, Trasnochadoras, Gran Flauta, Dragones, Segadoras, Picaronas, Enamoradas, Tenorios, Inglesitas, Tunantes, La Crisis, Pelotaris, Bromistas, y otros.
Tal como lo sugieren los nombres, muchos de estos carros estaban ocupados por damas, con vestidos y adornos que les daban la apariencia del personaje elegido.
Una gran alegría manifestaba el cronista al ver que habían desaparecido las comparsas de candombes, y agregaba: "Muchas de ellas, como los Negros Congos -, que a fuerza de andar entre blancos civilizados aceptaron los beneficios de la civilización, se transformaron en músicos, y arrastraron a otros en sus tendencias reformistas".

LOS CARNAVALES DE ANTES

El 18 de febrero de 1901, la prensa describía el estado de ánimo de los platenses en los alegres días del carnaval. El cronista, de seudónimo Pierrot, reflexionaba que el siglo XIX tenía una serie de preocupaciones y lo calificaba de malhumorado. Afirmaba que iban pasando las crisis, las inundaciones, el ''coup de chaleur", la bubónica y la aftosa. Sin embargo, agregaba: "He recorrido todo el corso y no he visto una sola arruga por las preocupaciones del porvenir. El pueblo se ha lanzado a las calles espontáneamente en una onda colosal, pero mansa. Su rumor no es siniestro, como el de las tempestades... El ambiente físico sano y vivificante. Y ese bienestar físico individual y colectivo forman un medio ambiente moral que sonríe, que se apodera de la multitud, que se deja mecer y arrullar sin resistencia, en un goce sano de continua delicia", un tanto barroco el estilo, pero refleja el espíritu festivo que creaba en nuestros abuelos el carnaval.
Seguía el comentario: "Los palcos llenos de gente de todas clases sociales, sexos y edades, sostienen una batalla incesante y sin tregua con proyectiles de flores y serpentinas contra coches elegantes, damas deslumbrantes de hermosura y carros de gente humilde y de trabajo, igualados todos y nivelados todos democráticamente, por el buen humor y la corriente de alegría, que es la nota dominante de la fiesta".
Parecía que la gente de esos días se olvidaba de todos los problemas de la vida cotidiana y se sometía con entusiasmo al encanto pagano del carnaval.

EL FIN DE LA LOCOMOTORA "CLEMENTINA"

"La Clementina" fue una locomotora muy conocida en nuestra ciudad que brindó buenos servicios para la conexión ferroviaria entre nuestra ciudad y los mataderos de Abasto.
El pequeño ferrocarril cumplió bien su labor durante muchos años. Partían cuatro trenes de ida y otros tantos de vuelta. En un café y bar de 51 y 17 funcionaba la boletería. Había vagones de carga y de pasajeros. Paraba en cualquier parte, donde se le detuviera, para subir o bajar.
Con el mejoramiento de los caminos, el servicio que prestaba "La Clementina" fue decayendo en importancia hasta desaparecer.
Al crearse en 1929, el Servicio Municipal Autárquico del Transporte, se aprovecharon las antiguas vías para establecer un servicio de autorriel entre La Plata y Abasto, pero también concluyó, oscura y silenciosamente, un día de 1959

CONSTRUCCIÓN DE LAS PLAZAS ESPAÑA E ITALIA

Durante 1898, las autoridades municipales y provinciales aceleraban la construcción de obras para la nueva ciudad, así, las plazas y los espacios verdes empezaban a distinguir a La Plata.
Por ejemplo, a la Plaza Italia se le acababa de construir un cerco de mampostería, pared con balaustrada, de escasa altura, interrumpida en las diagonales y avenidas que la atravesaban, con entradas en las cuales se hicieron escaleras de mármol blanco, cuando el desnivel entre la vereda y el suelo interior de la plaza lo exigía.
En el centro del recinto así circundado, se empezó durante aquel año, a realizar la idea del monumento a Italia, que la colectividad italiana de La Plata allí levantaría. La obra apenas progresaba, pero la muerte trágica del rey de Italia, Humberto 1, en el año 1900, llevó a los organizadores de tal homenaje a su nacionalidad de origen, a apresurar la construcción de dicho monumento.
Por otra parte, el 19 de noviembre de 1900 se inauguraba la famosa Plaza España, a la que, según la crónica de la época, "poquísima concurrencia asistió".
La inauguración se efectuó a las ocho de la noche y, además del Gobernador y. los ministros, asistieron varios miembros de la Sociedad Española, y el Intendente Municipal, señor Lezcano. En cambio, por la noche, el baile en la Casa de Gobierno, estuvo animadísimo. La función de gala que se realizó en "El Argentino" estuvo brillante, cantándose el Himno Nacional y la ópera “La Boheme". Para el año 1900, la barriada ubicada en inmediaciones de a Plaza España aún era casi campo abierto.
Para sorpresa de los vecinos del lugar, allí se instaló un médico, que por su manera de ser y de actuar, parecía "casi e campo". Fue en la esquina de as calles 7 y 63, y se llamaba Estanislao Bejarano.
En esos tiempos, el contorno de la plaza estaba alambrado. Así también lo estaban casi todas las manzanas aledañas. Por esos potreros, se encontraba el famoso y recordado "Tambo de Gatti". La vieja casona en la que habitaba Bejarano, con el centenario palo borracho, fue demolida luego en 1970.
El poeta platense Adolfo Eduardo Durán, le ha cantado para el recuerdo de esta manera:
"Al contemplarse solariega y vieja, junto al palo borracho que te cuida desenvuelvo en mi mente la madeja que formé con recuerdos de mi vida.
Y vuelvo atrás, vieja casa, al tiempo ido, cuando mi madre me llevaba de la mano a visitar a aquel hombre tan querido, al bueno doctor, al viejo Bejarano...
Y a la par que mi memoria lo revive pienso que al patio, al árbol y al aljibe. Tal vez mucho tiempo no les sobre. ¡Pero sí ha de quedar en esa esquina el espíritu de aquél que la ilumina de aquel doctor tan bueno con los pobres!.

LA PLAZA ''SAN MARTÍN”

A principios de siglo La Plata era una ciudad provinciana donde la mayor parte de la gente se conocía, por lo menos de vista. Con el transcurrir del tiempo la ciudad fue creciendo, se formaron nuevos barrios, arribaron más argentinos del interior y también extranjeros. Los rostros familiares se fueron confundiendo con los desconocidos en un proceso característico de la vida urbana. Comenzaron a palparse entonces las desventajas del progreso.
La Plaza San Martín se había convertido en el lugar de paseo obligado de las familias platenses, tanto en las breves tardes invernales como en las cálidas y perfumadas noches de verano, más aún cuando se programaban retretas y se podía escuchar selecta música ejecutada por una banda - la de Policía que durante muchos años había sido una de las mejores de Sudamérica.
La pérdida de la intimidad en este y otros paseos dio lugar a un polémico intercambio de cartas entre los vecinos.
Algunos señalaban que "a las retretas de Plaza San Martín las frecuenta lo más granado de nuestra sociedad. ¿Por qué se hace lo posible para ahuyentar a la gente decente? Gente joven que se reúne en sitios estratégicos y dirige pullas de mal gusto, organiza riñas y corre de un lado a otro".

PULPERIA LA COLORADA

El tango, el campo y las costumbres urbanas del pasado se confunden en el tiempo y convergen en una vieja casa de la calle 57. Ahí es donde se abre la pulpería La Colorada, una suerte de museo histórico en donde un puñado de parroquianos rescató pequeñas cosas del olvido para convertirlas en una historia de vida.
Marcelo Strianese abre una vieja puerta de doble hoja y con un gesto invita a sumergirse en su propio mundo. Camina lentamente por un espacio que parece perdido en el tiempo, y se detiene en un rincón para desempolvar un cofre tallado a mano en el año 1740. Después observa una pared tapizada de recuerdos y apunta a una foto de Juan Moreyra, «la única que se le conoce, dice, la que le sacaron para el prontuario». Y mientas se escucha el lamento profundo de un bandoneón, señala una bicicleta de reparto que perteneció al propietario del almacén platense La Campana y a la que el tranvía pisó en el año '37.
Esa escena, que parece una postal escapada de otros tiempos, transcurre en la Pulpería La Colorada, una casa tipo chorizo de la calle 57 que su propietario, Marcelo Strianese, convirtió en una suerte de museo histórico y club de amigos. Un lugar no comercial en el que a pesar de su nombre, no se sirven tragos ni copas; y en el que un grupo de parroquianos trabaja para rescatar del olvido pequeñas cosas, pedazos de culturas urbanas y rurales, para convertirlas en una historia de vida que se le regala a los visitantes.
Anunciado desde la fachada como "local no comercial", en la pulpería platense se pueden ver, entre otras cosas; rifles franceses Chasepot de 1870, manuscritos de Rosas, una máquina de hacer helados de la década del '20, municiones de las batallas libradas en Punta Lara, vitrolas, y hasta la caja registradora del bar Londres de Berisso. El tango, el campo y las costumbres urbanas tienen un lugar en esta especie de museo en el que, según Strianese, no se sabe la cantidad de piezas que se exhiben.
Entre esas piezas que nunca se contabilizaron, se puede ver, intacta y todavía sonando, la campana del tranvía N' 8. También andan expuestas por ahí algunas obras de escultores, poetas, cantores y pintores que dejaron grabado su paso en las paredes de la pulpería. Al mismo tiempo, perdido en ese paisaje heterogéneo, se puede observar hasta un cofre tallado a mano hace unos 240 años, que perteneció a la única reducción guaranística de la Provincia.
Razones coloradas
Cuando se le pregunta a Strianese por el nombre de la casa, cuenta que lo de las pulperías llamadas La Colorada, La Blanqueada o La Rosada, tenía que ver antiguamente con los insumos de los que disponía la gente a la hora de pintar los locales. Y en este caso particular el nombre refleja los lugares que se pintaban con sangre de toro.
Cuenta el coleccionista que la idea de convertir su casa en una pulpería nació en el '83, cuando se reunió con un grupo de amigos que decidió realizar una tarea de rescate; un reciclado y un reservorio de las cosas que se van perdiendo y que tienen que ver con los platenses, con las costumbres del campo y, sobre todo, con una cuestión histórica.
Así, el grupo se propuso despertar los pequeños secretos del pasado y con los años fueron organizando talleres de restauración para poner a punto los objetos que llegaban deteriorados. En esas instancias se utilizaban técnicas tradicionales para trabajar los cueros, los metales y las maderas, mientras en simultáneo se organizaban charlas sobre usos y costumbres, «Inicialmente se hacían reuniones de 10 o 12 personas, mientras que ahora el número de comensales para los encuentros supera los 400, dice Strianese mientras le da manija a una máquina de hacer helados.
A dos metros de allí, y como si se tratara de un lugar sagrado, una pared atiborrada de escritos y postales, le rinde un profundo homenaje a Don Tulio, Más adelante, sobre una mesa, se amontonan los discos del Cuarteto Zupay, Opus Cuatro y Los Trovadores, justo adelante de un escenario con bombos de cuero por los que pasaron artistas nacionales e internacionales.
"Todo se hizo a ponchazos y sin recursos, para despuntar el vicio y para darle una actividad a la vida después de los 40. Acá el valor no lo dan las cosas que trae la gente, sino el grupo humano que trabaja por un importe cultural y un rescate apuntalando al mañana", dice Marcelo Strianese al tiempo que Cerapio, un perro chico con cara de malo, parece asentir las palabras de su dueño desde un rincón cargado de testigos de otros tiempos.