Llamativo ingreso a la Ciudad de distintas especies de aves

Especialistas destacan que se está dando un fenómeno "inusual" en los cielos platenses
Estorninos, carpinteros, tordos renegridos, colibríes, picabueyes, horneros, cotorras, zorzales, toman por asalto la Ciudad. Por estos días, se registra el pico de un fenómeno que cobró alas en tiempos recientes: el reingreso de aves que habían migrado, y el "debut" de especies inusuales para los cielos platenses. Favorecidos por los corredores urbanos con mayor presencia de árboles -avenidas, diagonales-, las plazas cercanas entre sí, los edificios que les brindan reparo y una renovada capacidad de adaptación, los pájaros vuelan alto, señalan los especialistas."Hasta hace unos 10 años el elenco de aves de La Plata, en el ámbito urbano, era bastante limitado" recuerda el ornitólogo Julio Milat: "podíamos encontrar sin esfuerzos al gorrión, la paloma doméstica, y unas pocas especies más. Pero hoy la situación cambió de manera llamativa; numerosas especies hay ingresado a la Ciudad, mostrando una rápida adaptación a sus condiciones ambientales"."El 'boom' no resulta difícil de comprender, considerando que las ciudades ofrecen casi todo lo que las aves pueden necesitar para subsistir: alimento, agua, material para construir nidos, lugares para dormir -edificios monumentales con cornisas, bordes de ventanas, faroles, esculturas, bajo y alto relieves, campanarios- y por sobre todo, protección ante los depredadores" precisa Milat, que conduce el Museo Ornitológico de Berisso: "si a esto se suma un avance de la forestación en algunos corredores, y el entramado fundacional platense con plazas y parques cada seis cuadras, se explican los avances en la diversidad; actualmente existen entre 20 y 30 especies que conviven con nosotros en el medio urbano". El experto destaca que "las plazas forestadas con árboles nativos tienen mayor número y variedad de especies que las demás".Entre las nuevas aves urbanas está el hornero. Pájaro "de buen agüero", se está haciendo habitual encontrar en plazas y edificios su típico nido de barro. Las parejas -macho y hembra tienen igual apariencia- cantan a dúo al cortejarse; y aunque se dice que las entradas de sus "casas" evitan los vientos fríos, en la Ciudad se las ve apuntando en cualquier dirección. Esas mismas viviendas, que duran dos o tres años, serán disputadas al abandonarse por ratoneras, jilgueros, golondrinas y caburés.Con alojamiento sólo por la temporada -primavera/verano- se registran las golondrinas. Inquietas, vuelan permanentemente en busca de insectos para alimentarse. Nidifican en huecos, aleros y balcones, y en La Plata pueden diferenciarse dos especies: la doméstica, de dorso y zona ventral oscura; y la de ceja blanca, de menor tamaño, y vientre blanco.También se divisan cada vez más benteveos. El "bicho feo" -amarillo, con un antifaz oscuro y blanco en la cabeza- construye su nido y lo "cortina" con pastos y trozos de plástico, o fragmentos de telas de colores. Voraz y adaptable, come lo que la ciudad pone a su alcance: frutos -como las semillas rojas de las magnolias de plaza San Martín-, insectos, abejas, renacuajos. incluso alimento para perros.Entre las especies "recién llegadas" que más se hacen notar está el zorzal colorado. Su canto es melodioso... pero inoportuno: es el que se escucha en plena madrugada, a las 4 o 5, un largo rato antes del amanecer. De vientre anaranjado, este pájaro se alimenta con lombrices y frutos de varias especies de árboles -moras, por estos días-; su "primo", el zorzal blanco o "chalchalero", también es muy común en la Ciudad.Otro de los nuevos habitantes, éste de origen "exótico" -no nativo-, es el estornino crestado. De color negro y plumas visibles en la base del pico, se lo suele ver en las plazas Paso -13 y 44- e Islas Malvinas -19 y 51-. Junto al estornino común, de color negro, patas rojizas y pico amarillo, están generando un serio problema: por sus características -son agresivos, prolíficos, no tienen predadores naturales en nuestro medio y nidifican en cualquier hueco, alero o tronco -u "ocupan" nidos ajenos-, están ganándole espacios a la avifauna local.DISTRIBUCION GEOGRAFICALa tacuarita azul, de cola larga y que anda siempre en pareja, puede verse en el Bosque, sobre las copas de tipas y jacarandáes; también el "boquense" pitiayumí -pecho amarillo y dorso azul-. En las plazas del centro, golpeando los troncos podridos en busca de gusanos e insectos, se encuentran los chingolos, y los carpinteros real y campestre; el carpintero bataraz, más pequeño, prefiere el Bosque.También en pleno centro, los tilos de 7 entre 49 y 50 reciben cada atardecer bandadas de color negro y brillo metálico; son los tordos renegridos, que llegan a dormir desde diferentes puntos de la ciudad, y tienen una particularidad: no edifican nidos, sino que ponen sus huevos en los de otras aves.Habitantes de la noche, las lechuzas de campanario pueden avistarse como raudas manchas blancas volando sobre plaza Moreno. Y el barrio elegido para la residencia no es casual; esta especie que vive en las torres se alimenta de ratas y lauchas, abundantes en el paseo central del casco urbano platense.En cambio, las dos especies de picaflores -verde azulado y bronceado- pueden verse no sólo en plazas y el Bosque sino en casi cualquier jardín urbano, alimentándose del nectar de las flores -son sus preferidas las campanillas o tubulares-. Hace algún tiempo, el invierno los veía migrar hacia el Norte, pero actualmente -cambio climático mediante- se quedan entre nosotros.Milat -fundador del museo berissense que acaba de cumplir veinte años- cree que "la nueva diversidad de aves que está mostrando La Plata merece un estudio sistematizado y detallado", y diagramó junto a varios profesionales en ciencias biológicas -Nicolás Olalla, Patricia Currenti, Sergio Quintero y Laura Ferman- un censo que tendrá lugar durante los próximos meses, con observaciones y tomas fotográficas de las plazas y sus aves. (El Día)