Mainetti destacado en la cena de la Ciudad

José María Mainetti fue elegido como la personalidad más destacada de la Ciudad durante la cena de la Fundación Florencio Pérez por el aniversario de La Plata. Y en una elección que repitió algunos resultados del año pasado, los asistentes coincidieron en que la inseguridad es el problema más grave de la Ciudad, la que bajó su calificación general a 6,28 sobre 10, aunque sigue teniendo un puntaje más alto que la Provincia y la Nación.La encuesta se efectuó entre los asistentes a la cena celebrada el sábado pasado en el Pasaje Dardo Rocha y fue elaborada y procesada por la consultora Giacobbe & Asociados por cuarto año consecutivo. La consulta estuvo referida al estado actual de la Ciudad, la Provincia y el país (de 0 a 10), los mayores problemas de La Plata y la personalidad más reconocida por su contribución al bien común.
LOS MAS DESTACADOS
Un total de 488 personas sobre un total de más de 600 asistentes contestaron las preguntas y así se determinó quiénes son las personalidades más reconocidas. En primer lugar resultó el doctor José María Mainetti (34 votos), mientras que le siguieron el doctor Luis García Azzarini (29 votos) y el padre Rubén Marchioni (21 votos). Y cabe recordar que en la cena anterior, los tres habían sido mencionados entre las 6 personalidades más relevantes.En los años anteriores habían sido elegidos como las personalidades más reconocidas por su labor en favor del bien común el padre Carlos Cajade (1998), la doctora Ana Mon (1999) y el fallecido cardiocirujano René Favaloro (2000). Y cabe consignar que los asistentes a la cena anual de la fundación Florencio Pérez son, en su mayoría, dirigentes de instituciones culturales y deportivas, empresarios, políticos, funcionarios y profesionales de distintos ámbitos.
LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE LA CIUDAD
Los asistentes a la cena de la Fundación insistieron además, por cuarto año consecutivo, en que la inseguridad y el desorden en el tránsito son los principales problemas de la Ciudad. En el tercer lugar de la lista también se repite la respuesta de años anteriores: la falta de limpieza en la Ciudad. Luego siguen los reclamos por el escaso espacio disponible para estacionar, la corrupción política y la baja calidad de los políticos.Sin embargo, este año irrumpió una respuesta novedosa en el 10º puesto: las trabas a las inversiones, lo que incluye reclamos por la habilitación de countries y edificios de altura.Otros problemas resaltados por los asistentes incluyeron el pésimo estado del pavimento, la recolección de basura, las veredas rotas, la falta de trabajo, los desagües pluviales y otros 37 temas menores.23-11-2001

Amarillento y trascendente, un documento atesora aquellos días patrióticos de Mayo

A 196 años de la Revolucion
Es una réplica facsimilar de las Actas de Mayo. Está celosamente guardada en una sala especial de la Biblioteca Pública de la UNLP. En ella, se dejan ver los fragorosos debates del Cabildo del 22, el acuerdo del 25 y la Proclama de un día después, entre otros hechos históricos. Exhibe las curiosidades de la época y hace recordar los fuertes ideales de nuestros revolucionarios
“Tenéis ya establecida la Autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones y calma todos los recelos”. Así empieza la Proclama de Mayo que se puede leer intacta, aunque algo amarillenta, en una réplica facsimilar de las actas del aquel épico 1810, que está celosamente guardada en una sala especial de la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), junto a más de 600.000 obras de diferente valor literario e histórico. Fechada el 26 de mayo de ese año, después de la constitución del Primer Gobierno Patrio, lleva las firmas del presidente, Cornelio Saavedra, los secretarios, Mariano Moreno y Juan José Paso, y los vocales Manuel Alberti, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan Larrea y Domingo Matheu. Todos eran crio-llos excepto éstos dos últimos, comerciantes españoles (ver los perfiles aparte). El documento está acompañado por decenas de cartas originales y hojas sueltas inéditas de esos días, donde se puede ver el mes escrito como “maio”, la correspondencia hacia un alto mando dirigida como “gefe” o la conjugación del verbo estar como “estubo”. Estas curiosidades forman parte de un plexo bibliográfico de incalculable trascendencia cultural, que recobra interés en una fecha tan clara a los sentimientos de nuestro pueblo como la que se recuerda hoy en toda la geografía argentina. En las actas también están plasmados los fragorosos debates del 22 de mayo, la medular intervención de Castelli que derivó en el cese de la autoridad virreynal (Baltasar Hidalgo de Cisneros), el radicalizado voto del obispo Benito de Lué y Riega contra los revolucionarios y casi todo lo que legó esa época patriótica que, lejos de plasmar un Gobierno sólido, dejó grietas y heridas que no cerrarían sino hasta muchos años después. Una réplica similar de las Actas está en la otra biblioteca centenaria que tiene la capital bonaerense: la Joaquín V. González, que funciona en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNLP. Allí también se guarda como una verdadera reliquia. Con tinta indeleble, en tan cuidadosa como apresurada cursiva, las Actas que inmortalizaron esas discusiones, de tono subido pero una verba que hoy llama la atención, también dejan traslucir las ideas morenistas de su tan polémico como vital Plan de Operaciones de Mayo. Y la conmoción que causó la llegada de un viejo barco desde Europa con las primeras noticias que daban cuenta de la captura de Fernando VII a manos de Francia, disparador final que propició la Revolución. Ni la publicación de un bando por parte de Cisneros, el 18 de mayo, para que el pueblo se mantuviera fiel a España, invadida por las tropas napoleónicas, pudo calmar los ánimos patrióticos. El nacimiento Los historiadores coinciden en que esa revolución fue la consecuencia lógica de todos los pueblos que buscan independizarse en algún momento, y que el cambio se caracterizó (más allá de las lógicas diferencias) por estar dotado de fuertes ideales patrióticos. “A partir del 25 de mayo nace la Argentina”, les recuerda todos los años a sus alumnos el profesor Fernando Barba, titular de Historia Argentina de la Facultad de Humanidades de la UNLP. También se apena porque ese sentido de Nación que surgió en aquellos días se ha “pervertido” a raíz de los diferentes gobiernos y del descreimiento casi generalizado hacia la clase política. Para el historiador local, ser patriota no es ponerse una escarapela o portar una bandera celeste y blanca, sino “trabajar todos los días, cada uno desde su profesión, por la Patria”. “Hay que recordar -agrega- que hubo gente, como la de 1810, que peleó, luchó y murió por sus ideales”. Las diferentes caracterizaciones de Patria, que pueden hurgarse en distintos volúmenes organizados por viejos ficheros o en una base de datos digitalizada de la Biblioteca Pública, conducen hacia una idea de padres (pater) y de terruño. Es decir, de lo que constituye nuestro pasado, nuestra historia y de lo que es nuestro hoy en día. La Real Academia Española, por ejemplo, la conceptualiza como “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. El trabajo facsimilar exhibe un lustroso Escudo de Armas, una representación litográfica del Cabildo y todos los integrantes de esa Primera Junta que, producto de las mencionadas internas, duró apenas unos meses (hasta diciembre). Fue sucedida por la Junta Grande de enero a septiembre de 1811; la Junta Conservadora de septiembre a noviembre de 1811; el Primer Triunvirato de septiembre de 1811 a octubre de 1812; el Segundo Triunvirato desde aquella fecha a enero de 1814 y luego el Directorio, hasta febrero de 1820. Durante esos diez años, el Cabildo de cada ciudad representaba la soberanía local pero, al mismo tiempo, se intentaba construir un poder estatal centralizado, intento que se frustra, al menos hasta 1853. “El pueblo quiere saber de qué se trata” se lee con la misma claridad con la que lo exclamaron los criollos aquel 25 reunidos en la Plaza Mayor en esas crujientes hojas. Minutos más tarde se enteraron de la conformación del Primer Gobierno Patrio, que 196 años después se recuerda en un país que se forjó con fuertes ideales; los mismos que hoy -más nunca- deberían ser honrados.

La fantástica historia de Carniquicho, el perro más famoso de La Plata

Leyendas urbanas
Carniquicho era un perro raza perro, que supo ganarse la amistad de quienes paraban en la vieja confitería París. Viajaba en micro y acompañaba a sus amigos. Su captura, por parte de la perrera, desató una movilización popular. Tan grande fue su fama que Antonio Carrizo lo invitó a su programa
Así como tiene un trazado ejemplar que es admirado en el mundo entero, La Plata también atesora un amplio catálogo de mitos, anécdotas y leyendas urbanas, cuyos protagonistas -humanos o no- perduran en el recuerdo de aquellos que hoy peinan canas o, en el peor de los casos, ya no tienen qué peinar. Muchas de esas historias -entre ellas la que nos ocupa- llegaron a trascender los límites de la metrópoli, para cobrar una notoriedad que bien vale la pena rescatar del ostracismo. Despertaba la década del ‘60 con todo su bagaje político, artístico y cultural cuando, tímidamente y sin que nadie lo llamara, irrumpió en escena Carniquicho, un personaje regordete, amigable y entrador, que no tardó en conquistar uno de los grandes escenarios sociales con los que por entonces contaba nuestra ciudad: la emblemática esquina de 7 y 49. No era un bohemio, amigo de las charlas largas y distentidas. Cómo podría llegar a serlo, si ni siquiera había sido bendecido con el don del habla. Es más, Carniquicho no era humano, sino un perro, raza perro que a diferencia de Lassie no necesitó de la chapa de los grandes linajes, para ganarse su lugar en el mundo. De tonalidad té con leche -expresión a la que suele apelarse cuando el color es más bien difuso-, andar cansino y mirada complaciente, el pichicho estableció su parada en la vieja confitería París, para recibir las caricias y los donativos (alimenticios), de aquellos muchachos que solían juntarse sin más excusas que el saludable culto a la amistad. Cuentan quienes tuvieron la dicha de conocerlo que irrumpía de nochecita, generalmente sin anunciarse (es más, el muy pillo lo hacía de manera enigmática como para no levantar la perdiz). Peregrinaba luego por los bares de la zona, y bien entrada la madrugada abordaba el micro 7 para ir a descansar quién sabe a dónde. Subía con alguno de los muchachos, es cierto; pero nadie sería capaz de negar que el misterio se fue con él. Algo es seguro: al día siguiente volvía a aparecer para repetir la rutina, que sólo se interrumpió aquella vez que cayó en cana. Sí, el pobre Carniquicho -que nada tenía que ver con los desprestigiados cimarrones del Bosque, que décadas más tarde lo sucedieron- durmió a la sombra, y por extraña paradoja del destino, eso fue lo que catapultó su fama hasta límites insospechados. * * * La perrera, despiadada, odiada, y cruel, lo sorprendió aquella vez. Primero se dijo que alguien había tirado la bronca porque se propasó con una de sus congéneres; pero luego se supo que había sido acusado de hidrofobia o de despa-charse, al menos, con un soberbio tarascón sobre la humanidad de algún incauto transeúnte. ¿Carniquicho rabioso? ¿Carni-quicho agresivo? Imposible, si no molestaba a nadie; es más, “ni siquiera se le conocía el ladrido”. Sea como fuere, su detención fue correspondida con un auténtico aluvión de reclamos. La ciudad -y más aún los muchachos del trocén- no escatimaron esfuerzos. Como si se tratara de una epopeya, o en todo caso de una férrea resistencia al autoritarismo inflexible de sus captores, la lucha se prolongó durante una semana y, como no podía ser de otra manera, se vio coronada con el éxito. A Carniquicho no se le conocía dueño, pero todos lo querían; y quizá por eso el festejo fue tan emotivo: comida de primera en un café de 7 y 51, y movida de cola para devolver la atención. Su fama corrió como reguero de pólvora, y fascinada por la popula-ridad del can, la producción de Sábados continuados lo convocó para que fuera a Canal 9. Hacia allá rumbearon él y sus amigos, a entrevistarse con una de las grandes personalidades de la época: el conductor Antonio Carrizo. El mito -cuya tendencia a crecer con los años es equiparable sólo con las hazañas que cuentan los pescadores- dice que contestó las preguntas con acertado lenguaje perruno. Pero lo cierto es que saltó sobre un sillón y ahí se quedó sentadito, para agachar la cabeza cada vez que alguien extendía su mano para acariciarlo. Está claro que Raúl Portal se hubiera hecho un festín y quizás hasta lo hubiera contratado de columnista o cosa por el estilo; pero eran otros tiempos y (a dife-rencia de lo ocurrido con Lassie) su paso por el mundo de la farándula resultó mas bien efímero (digamos que tuvo esos cinco segundos de fama de los que tanto se habla por ahí). * * * Después, llegaron los primeros signos de envejecimiento; sus trotes se hicieron más lentos, y aunque no modificó su carácter (ni resignó su buen humor) comenzó a anunciar su retiro. Ya no volvió a pintar por el centro, y hacia fines de esa década alguien se ocupó de comunicar lo ocurrido. Carniquicho había muerto, poniéndole el punto final a una historia que muy difícilmente pueda llegar a repetirse. No sólo porque los callejeros que hoy deambulan sin rumbo no gozan de aquella popularidad, sino también porque el ritmo de vida actual no deja demasiados resquicios para el necesario ejercicio de la camaradería. G.E.(Diario Hoy)

La historia del colegio platense de formación técnica por excelencia

Cumple 96 años el Colegio Industrial Albert Thomas
Actualmente tiene 450 docentes y 1.500 alumnos. En este artículo, su director afirma que no existe obra de envergadura en el país que no cuente en su plantel con egresados de este colegio. Comenzó a funcionar en tres locales separados. En 1919 se mudó a su actual ubicación. Tuvo varios nombres
Por Jorge Omar Mattia (*) Especial para Hoy
En el año 1825 en la Argentina se mencionó por vez primera la electricidad. A partir de entonces, se comenzó a trabajar en sincronismo con el desarrollo mundial de las ciencias físicas de la electricidad, y en el año 1887 se instaló la primera usina destinada a la producción y distribución de energía eléctrica. Este hecho revolucionario dio lugar al crecimiento del parque industrial, hasta entonces impulsado por energía de vapor, el cual tomó un auge importantísimo en la capital de la provincia de Buenos Aires. Ante todos estos avances en la aplicación de los fenómenos físicos y dado el crecimiento que adquirían las industrias aparece un hombre que quedaría en la historia: Otto Krause, un verdadero impulsor de la enseñanza técnica. En el año 1890 dio lugar a la creación de la Escuela Industrial de la Nación, de la cual fue su director y hoy lleva su nombre. Luego impulsó la enseñanza técnica, para que llegara a los rincones de toda la República. Fue así como, bajo su inspiración, La Plata pasó a contar en 1910 con un establecimiento de estas características. En ese entonces, la ciudad contaba con una población que sobrepasaba los 100 mil habitantes, sumando a esto el adelanto tecnológico y la industrialización de la región, se hacía imprescindible contar con técnicos capacitados. Ante sucesivos requerimientos de los industriales, el 27 de julio de 1910 fue aprobada la ley Nº 7042 del Departamento de Instrucción Pública, la cual determinó la creación de la Escuela Superior de La Plata, promulgada el 31 de agosto del mismo año. Este hecho dio origen a la primera escuela técnica de la provincia y a la segunda del país. El 16 de marzo de 1911 comenzó a funcionar con el nombre de Escuela Industrial Superior de La Plata, bajo la dirección del ingeniero José Sagastume, con un total de 71 alumnos. Fue instalada provisoriamente en tres locales: uno en 53 nº 764 y otros dos en 54 nº 808 y 816. En 1916, La Plata recibió a los primeros egresados del Industrial con las siguientes particularidades en cada una de las carreras: l Maestro Mayor de Obras: cinco alumnos cursaron y terminaron la carrera. Dos eran de La Plata, dos de Entre Ríos y uno de Quilmes. l Electrotécnico: se recibieron seis alumnos. Cinco de La Plata y uno de Capital Federal. Al inaugurar los cursos en 1911, inició su funcionamiento la Escuela Complementaria Industrial. La misma tenía cursos nocturnos para obreros. El objetivo fundamental era perfeccionar al obrero industrial a través de la enseñanza elemental de las ciencias generales y, especialmente a través de aquellas materias técnicas cuyo conocimiento es indispensable para la profesión, y que no podía ser adquirida en talleres o usinas. El edificio El 23 de diciembre de 1914 la Legislatura provincial cede la fracción de tierra donde actualmente está ubicada el edificio, en 1 entre 57 y 58 de La Plata. El lugar era ocupado por el Regimiento 6 de Infantería, cuya herencia consistía en dos galpones que habían servido de cuadras y unas pocas habitaciones que habían sido ocupadas por las oficinas administrativas y la oficialidad en servicio. El traslado definitivo de la escuela se efectuó el 1º de julio de 1919, cuando se realizó la división de las cuadras, destinándolas para aulas. Se construyeron varios galpones en los que se instalaron los talleres. A medida que avanzaba el nuevo edificio todos estos espacios fueron dejando lugar a la flamante construcción, que fue iniciada en 1927. El primer cuerpo, que da la avenida 1, se habilitó diez años más tarde. En 1947 el edificio quedó totalmente terminado. La edificación cubre totalmente la manzana lindante al Bosque platense, comprendida entre la avenida 1 (entrada principal) y 115 entre 57 y 58. La misma se divide en dos cuerpos, separados por una calle de servicio. El cuerpo frontal, que se abre a la avenida 1, está conformado por dos plantas y subsuelo. Tiene 10.000 metros cuadrados cubiertos. El cuerpo posterior, integrado por tres plantas de similar distribución, cuenta con una superficie de 10.601 metros. Los nombres El 7 de abril de 1953 se instaura el nombre de Escuela Industrial de la Nación Eva Perón y el 23 de agosto de 1956 se impone la denominación Albert Thomas. En 1959, pasa a llamarse Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1 Albert Thomas. En 1994, pasó a la órbita de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires con el nombre de Escuela de Educación Técnica Nº 6 Albert Thomas. Queda amplia constancia de que los egresados de la Escuela Técnica se destacan en todos los ámbitos en los que les ha tocado desempeñarse, desde las más altas funciones gubernamentales hasta la dirección o supervisión en importantes industrias. No resulta muy aventurado decir que, tal vez, no exista obra de envergadura en cualquier punto del país que no cuente en su plantel técnico con un egresado del Albert Thomas. (*) Director del Instrual Albert Thomas